• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

tu verdad no, la verdad, y ven conmigo a buscarla

tu verdad no, la verdad, y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela, son unos hermosos versos de Antonio Machado, que bien podrían definir el fanatismo y la crispación permanente que inunda nuestra sociedad. Por un lado, vemos a una parte que se cree poseedora de la verdad absoluta, instalada en el conformismo, la seguridad y el fanatismo cargado de soberbia. Y, por otro, una gran mayoría social que suspira por avanzar en libertad y democracia, manteniendo los derechos y las libertades. No es cuestión de héroes o villanos sino de tolerantes e intolerantes. Estos últimos tienen como forma de razonamiento la máxima de quien no está con ellos está contra ellos.
Hay quien asevera que la base de todas las sociedades modernas tiene que estar asentada sobre el trípode de la libertad, la igualdad y la fraternidad. No obstante, dentro de estas sociedades hay colectivos con una concepción paternalista del poder que puede derivar en un claro autoritarismo o dogmatismo que lleva al abuso de poder y al fanatismo más radical.
Desgraciadamente, en épocas de crisis los fanáticos se multiplican, convirtiéndose en una de las más peligrosas enfermedades que debilitan, traumatizan y llegan a dar muerte a la convivencia. Para algunos intelectuales, la personalidad social del fanático se alimenta del autoritarismo, se relaciona con los demás de forma intransigente y vive su vida social de modo exaltado.
Mucho cuidado con algunos políticos fanáticos que son capaces de disfrazar a sus ojos y a los ajenos su ansia de poder personal bajo la máscara de una ideología y ve en quienes no la comparten como sus enemigos.