• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

PP y ERC, los referentes

La verdad es que la situación de Cataluña está complicada -tanto, que se habla de aplicar dos artículos de la Constitución jamás utilizados: el 155, sobre la intervención de la autonomía catalana, y el 116.

La verdad es que la situación de Cataluña está complicada -tanto, que se habla de aplicar dos artículos de la Constitución jamás utilizados: el 155, sobre la intervención de la autonomía catalana, y el 116, sobre los estados de alarma, excepción y sitio- pero tal vez menos de lo que creen los más pesimistas. Entre otras razones, porque al callejón sin aparente salida se le tiene que encontrar una salida política.
Siguiendo la tesis del periodista Antonio Franco, exdirector de El Periódico de Catalunya, el independentismo ya no sabría cómo conseguir una actuación nítidamente desproporcionada de Madrid que modifique la visión internacional, española e interior de lo que está sucediendo. Dicho más claramente: ya no saben qué hacer para provocar una reacción desproporcionada y tropiezan con Mariano Rajoy, el gallego soso pero no tonto, que juega a acertar con los tiempos, su especialidad en la política. Los plazos ahora son cada vez más cortos y en la actual fase de acción-reacción ya hay juristas que consideran que el Estado debe usar la coerción constitucional antes de llegarse al referéndum ilegal del 1 de octubre. Pero los problemas no se solucionan creando otros problemas, suele pensar Rajoy. Parte de la actual generación de soberanistas catalanes tiene un cierto déficit democrático, que lastra sus opciones. A menudo le faltan al respeto a los catalanes que no piensan como ellos y eso tiene sus peajes. Entre otros, que hay catalanistas y nacionalistas a los que que con otro tipo de gente no les importaría la independencia, pero sí con ellos, por sus formas.
Aunque sea muy poco a poco, en Cataluña también se van abriendo pequeñas rendijas hacia una fórmula federal, asimétrica, a través del cambio de la Constitución, la baza del socialista Pedro Sánchez con el PSC. Pero eso, si bien puede parecer contradictorio con todo lo anterior, solo cuajará si los independentistas catalanes continúan apretando sin ahogar, ni ahogarse.
Del lado español está gobernando ya el partido que puede negociar -y pactar- de verdad con Cataluña. Falta que del lado catalán esté Esquerra al frente de la Generalitat. Ni la extrema derecha española ni las CUP podrían echar abajo un gran acuerdo entre populares y republicanos catalanes. Y todos los demás partidos estarían en medio, de modo que cuando termine este ciclo político -probablemente el 1-O-, si el PP y ERC están en el nuevo consenso constitucional, el encaje de Cataluña en España podría ser posible. Lo dicho: el callejón tiene que tener salida.