• Martes, 17 de Octubre de 2017

Una posible solución para todos

Ante el 1-O, es tal la presión del calendario

Ante el 1-O, es tal la presión del calendario y de los acontecimientos políticos, judiciales y policiales que casi todas las energías del Gobierno se centran en restaurar la legalidad constitucional en Cataluña. Pero si bien se justifica imponer la ley, no es menos necesario atacar el origen del problema, que es político, lo cual exige dialogar con el independentismo. Casi todo pinta bastante mal en Cataluña, mientras las medidas que se van tomando solo echan más leña al fuego. Hay quien, como Antonio Franco, ironiza en “El Periódico de Catalunya” con que no todo está perdido... porque desde ahora hasta el 1 o el 2 de octubre todavía se puede perder más. Y si no se hace nada, por desgracia, tal vez será así.
Hace tiempo que no hablo con Rajoy porque pasó lo que pasó, pero hubo épocas, que duraron varios años, en las que conversábamos a menudo, tanto en Madrid como en Galicia, y no nos fue del todo mal. Sobre todo a él, que es presidente del Gobierno. Rajoy es resolutivo a cámara lenta pero, en cambio, es dialogante y encaja bien. Eso sí, cuando vienen mal dadas se moja poco. Plantearle una propuesta abierta para Cataluña puede darle vértigo, pero desaparecería si viese que es una solución para todos. O si al menos percibiese la esperanza de que no empeorará lo que hay. Es una extrapolación de lo que pude intuir durante años desde la Barcelona que me acogió cuando, como sabe Rajoy, también pasó lo que pasó; desde la ciudad donde el destino profesional nos llevó a los dos, Madrid, y desde nuestra tierra de origen, Galicia, la cuna de su aversión al nacionalismo y al mismo tiempo elemento de contraste con Cataluña, donde como él mismo me decía lo trataban mejor que en Galicia.
La mejor defensa de la Constitución sería reformarla con modernidad y realismo, con la ventaja añadida de que ese apostolado podría alejar la independencia de Cataluña. Siguiendo el argumento del exdirector del diario de referencia de Grupo Zeta, así podría ser: o bien porque otra Constitución posibilite un nuevo pacto estatutario o bien porque haga posible una consulta donde el Estado tendría que tener una alternativa seductora para que no salga un “sí” a la independencia. Nada distinto de lo que sucedió en el Reino Unido con el referéndum en Escocia. Es más: ¿sería posible la solución propuesta por “The New York Times”, partidario de que el Estado permita un referéndum y que los catalanes respondan rechazando la independencia de Cataluña, como hicieron los ciudadanos de Escocia y Quebec?
Con otras palabras viene a decir algo parecido el periodista Luis Mauri, también en “El Periódico de Catalunya”, cuando explica que el único modo de salir bien de esta es ponerse a cambiar las voluntades políticas a partir del 2-O, partiendo de que en toda democracia la ley es la garantía fundamental, pero no puede ser la única y cerril respuesta a los grandes desafíos políticos.
Rajoy conoce cómo son todas estas cosas y si hasta ahora no acertó con la designación de interlocutores con Barcelona, también sabe que en el PP tiene algún que otro político que sabría reconducir la situación. Y no porque haya magos por ahí sueltos, sino por sus conocimientos sobre Cataluña y el nacionalismo y, especialmente, por su talante y experiencia política. Podría ser una pena no tirar ahora de alguien así y de alguna manera no repetir la jugada que hizo José María Aznar con él cuando le pidió que negociara con los nacionalistas catalanes y vascos, cosa que hizo, por cierto.
La propuesta que desprende este análisis –en parte una carta abierta a Rajoy– no debe alargarse, yendo dirigida a quien va dirigida, y por eso termina aquí. Pero no sin antes recapitular sobre una idea: el enfrentamiento entre las instituciones españolas y catalanas no traerá nada bueno para la convivencia de la gente, mientras que una cesión a Cataluña en busca de un acuerdo podría evitar que al menos no empeoren las cosas. Como advirtió Enric Juliana desde “La Vanguardia”, que se cuide Rajoy de los irresponsables que le piden la humillación de las instituciones catalanas. ¿O no?