• Jueves, 22 de Febrero de 2018

Saber marcharse

La murciana Mari Trini incluyó en su repertorio musical la canción

La murciana Mari Trini incluyó en su repertorio musical la canción “Un hombre marchó”, un poema musicalizado pleno de melancolía que cuenta la despedida elegante y cordial de un varón, seguramente cercano a ella.
Volví a escuchar esta melodía hace unos días cuando el futbolista Álex Bergantiños dejó el Deportivo de La Coruña. Su marcha nada tendría de especial porque son muchos los jugadores que cada año abandonan las plantillas del propio Dépor, del Celta o del Lugo, pero en este caso no es una baja más, se trata de “un jugador de referencia para los mayores y para los niños, hecho en esta casa, que encarna valores que a todos nos gustan”, dijo el presidente Tino Fernández.
“He tenido el privilegio de estar seis años en el equipo de mi vida, el Dépor me lo ha dado todo, pero en estos momentos soy más útil saliendo. A la afición solo le puedo agradecer haber estado aquí disfrutando y sufriendo con ella”, recalcó un Bergantiños sereno, cordial y elegante.
La misma elegancia que demostró tantas jornadas en la pradera de Riazor, donde fue un ejemplo de entrega admirable en defensa de los colores del club, realizando una labor a veces menos brillante, pero siempre eficaz. Es un jugador solidario que trabaja y se asocia con el equipo.
Su trayectoria deportiva y sus palabras acreditan su madurez como futbolista y su caballerosidad como persona. Por eso, en el marco de su despedida encaja el estribillo de la canción de Mari Trini “un hombre marchó, dejó la casa, dejó la ciudad, se fue dulcemente, ningún reproche, nada que ocultar...”.
No conozco personalmente a este futbolista. Pero la imagen que proyecta y las palabras y formas que exhibió en su última rueda de prensa en Riazor contrastan con otros modales y comportamientos que se ven en el mundo del fútbol, un entorno en el que abunda el divismo.
Además, señaló el camino a profesionales del deporte y de otros sectores con el mensaje “en estos momentos soy más útil saliendo”. Él es consciente de que nadie es imprescindible, los ciclos se acaban y hay que saber marcharse –del deporte, de la política o de la empresa– cinco minutos antes de ser un estorbo, porque la continuidad de un proyecto a veces pasa por el cambio de personas.
Comparen esta marcha silenciosa con la actitud de Villar que dimite de su cargo en la UEFA, pero su clan continúa en la Federación y él se agarra a la presidencia para volver con sus arbitrariedades y corrupciones.