• Jueves, 22 de Febrero de 2018

Las carga el diablo

A las redes sociales, como a las armas, las carga el diablo.

A las redes sociales, como a las armas, las carga el diablo. La semana pasada el veterano servidor del Estado, Enrique Sardá, se burló desde su perfil de Facebook del acento de la presidenta de Andalucía a la que también criticó “su ozadía y mar gusto... por ponerse iguá que Letizia”, en alusión a la coincidencia de colores de su vestido con el de la Reina en un acto oficial.
El cónsul en Washinton -cesado fulminantemente- tiró de los tópicos sobre Andalucía para faltar al respeto institucional a la presidenta de la comunidad con un tufillo machista y ofender al pueblo andaluz que tiene su acento y peculiaridades idiomáticas -como tenemos los gallegos y demás pueblos de España- que enriquecen el idioma común de todos.
Lo que más sorprende de este episodio es que no fue un inexperto concejal o un político mediocre el que descargó sus iras contra un colega del partido contrario, sino que fue un diplomático el protagonista de una “broma” que trasciende el mal gusto.
A un funcionario de esa carrera se le suponen buenos modales, exquisita corrección en el trato y respeto hacia otras formas de ser y pensar. Dicho en lenguaje coloquial, el perfil de un diplomático incluye ser un hábil conciliador, “un pon bien”, que puede estar disconforme en sus adentros, pero siempre guarda las formas y protocolos.
Es curioso, pero en una entrevista de mayo del año pasado -la hemeroteca es cruel- Enrique Sardá, se quejaba del comportamiento de los madrileños hacia los catalanes: “yo he vivido en Madrid y que te recuerden continuamente que tienes acento catalán resulta particularmente irritante”. La misma irritación que debieron sentir los andaluces -y sentiríamos los gallegos- leyendo su comentario.
Yo no sé si su cese fulminante es “una medida desproporcionada”, pero no lleva razón al decir que “en España ya no hay libertad de expresión”. Tampoco acierta cuando dice que “en España, que era un país alegre y chistoso, se ha perdido por completo el sentido del humor”. Ahora que ha dejado el cargo, debería darse una vuelta por el país, sobre todo por Andalucía, para comprobar que el humor de los españoles goza de buena salud, incluso para reírse de sí mismos.
En fin, que Enrique Sardá se une a la larga lista de los que vierten su bilis en la red y acaban siendo víctimas de sus palabras que, como dijo Cayo Tito al senado romano, “no lleva el viento” porque “scripta manent”. Es más gratificante ser dueño de los silencios.