• Sábado, 24 de Febrero de 2018

Juicio a los sindicatos

Es una obviedad decir que los sindicatos forman parte del ser de la democracia

Es una obviedad decir que los sindicatos forman parte del ser de la democracia y además, como de bien nacidos es ser agradecidos, a ellos, que son los sucesores de los Mártires de Chicago que recordamos el lunes pasado, les debemos innumerables conquistas laborales y sociales.
Su “día grande” anual es el Primero de Mayo, la fiesta del trabajo. Pero desde hace unos cuantos años esa fecha, que en sus orígenes y a lo largo de la historia estaba programada para reivindicar mejores condiciones laborales y salariales, derivó en una jornada de críticas severas al papel que están representando los sindicatos en esta sociedad y mercado laboral cambiantes.
Se les reprocha que no supieron renovarse para responder a las necesidades y exigencias del nuevo marco laboral; se les acusa de connivencia con el poder empresarial y político cuando estuvieron en los consejos de administración; y, lo que es más grave, se les imputa su caída en la corrupción en las tarjetas black, en los ERE y, como las patronales, en la gestión de los cursos de formación.
Esos cursos concebidas para reciclar a los trabajadores y su reinserción en el mercado laboral, en muchos casos ni se celebraron y en otros el temario nada tenía que ver con las necesidades formativas de los participantes. Dicho en román paladino, diseñaron cursos “por metro cuadrado” para cumplir el expediente, desviaron cientos de millones de euros para fines espurios, defraudaron a los trabajadores, los primeros y más perjudicados, y cometieron una estafa a la sociedad que aún está en manos de las justicia.
Su falta de adaptación a los nuevos tiempos y su desviación perversa hacia la corrupción explican su declive, la pérdida de credibilidad y la desafección ciudadana que tuvieron su expresión en la escasa capacidad de convocatoria del lunes pasado. Una pena porque los sindicatos no son antiguallas, cosa del pasado. Hoy son más necesarios que nunca para mirar por los trabajadores y reivindicar “salarios justos –casi la mitad de la población trabajadora cobra menos de 1.000 euros–, pensiones dignas y más protección social”, consignas muy acertadas de la manifestación ritual del 1 de mayo pasado.
También fue acertada su denuncia de la corrupción: “nos estaban robando a manos llenas mientras nos pedía apretar el cinturón”. Pero les faltó un poco de autocrítica y el compromiso de su propia regeneración. Eso les ayudaría a recuperar parte de la credibilidad perdida.