• Martes, 24 de Octubre de 2017

VOLVER DEL POZO

Maru y Manel. Dos nombres, de mujer y hombre, que, como es lógico, no nos dicen nada. Yo los he conocido en la distancia a través de las ondas. Fue escuchando la radio. El medio sonoro me acompaña y ayuda a la hora de realizar cualquier trabajo, en general, y, en particular, cuando estoy escribiendo en el ordenador. Escuché dos nombres Maru (María de los Ángeles) y Manel (Manuel). Ella con poco más de cuarenta años y él rondando la treintena. Los dos se enfrentaron el domingo a los micrófonos de la emisora más escuchada en España, la Ser, y de la mano de Javier del Pino, director y conductor del programa “A vivir que son dos días” y curtido periodista de muchos años en tierras americanas.
Nuestros protagonistas tienen por separado una experiencia intensa y extensa de vivir en la calle. Son los que conocemos como los sinhogar o sintecho que deambulan por nuestras ciudades y que para la gran mayoría de la población son invisibles. Maru lleva dos décadas teniendo como hogar una acera, un cajero o cualquier recoveco, y como techo las estrellas. Él se acerca a los cuatro años en las mismas condiciones. En los dos un largo cúmulo de circunstancias les llevaron a ser compañeros del viaje a ninguna parte sin conocerse. Para ella el desencadenante fue la droga, y para él la bebida. Su experiencia de supervivencia en la calle pone los pelos de punta. Los dos coinciden: “Lo mismo que me pasó a mí le puede pasar a cualquiera, cuando te das cuenta estas montado en una espiral que si no te lo propones y sacas fuerzas de la más profunda de las flaquezas, no tienes retorno”.
Traigo a estos dos protagonistas anónimos para recordar que son miles de personas las que viven en Galicia en la calle. Cáritas, institución a la que pertenezco como voluntario y en la que trabajo desde hace años, viene denunciando esta situación .Y cuanto más se denuncia las autoridades, que serían las que deberían poner solución, cada vez miran más para otro lado. Se unen a la legión de los que los sinhogar son para ellos invisibles.
Mis dos protagonistas están volviendo del pozo en el que se encontraban. Maru se ha incorporado a un proyecto novedoso. Dejó las drogas y también la metadona sustitutoria. Se ha vuelvo a reencontrar con su vida y en su condición de educadora ayuda a los que antes fueron sus compañeros de piso callejero utilizando una vivienda facilitada por una institución privada. Manel duerme en una pensión, se apuntó a un programa de reinserción laboral promovido por una ONG y comenzó a trabajar en un almacén como carretillero. Ya no bebe y seguramente se vaya a Sevilla a vivir con su madre que, después de varios años, supo que vivía en la calle.
En toda esta historia lo cierto es que estas dos personas salieron del pozo de la vida callejera gracias al trabajo de técnicos, profesionales y voluntarios que les prestan su apoyo a través de instituciones privadas, y que recorren a diario las calles de nuestras ciudades. Las instituciones públicas los siguen ignorando .Y los políticos en plena campaña electoral ni los mencionan.