• Martes, 24 de Octubre de 2017

VERTIDOS INCONTROLADOS EN LAS PLAYAS

Desde el siglo pasado para los santiagueses nativos y de adopción, como es mi caso, la playa de Compostela en Vilagarcía era el lugar natural para disfrutar de los periodos vacacionales, o para tomar un tren con asientos de madera y oliendo a carbón, a primera hora de la mañana y acercarse al arenal hoy “recauchutado” con gruesa arena de las profundidades y tan destrozado por vertidos incontrolados y por la extracción de almeja. Este tema me preocupa desde hace tiempo. No veo que las autoridades adopten soluciones en beneficio del público en general y en particular de los que utilizan las playas. Los vertidos incontrolados siguen produciendo destrozos y ocasionan que turistas y nativos, lleguen a cansarse y puedan adoptar medidas que van en detrimento del consumo y, por lo tanto, del mantenimiento de puestos de trabajo, fundamentales en estos momentos de crisis que aún no hemos superado, pese a lo que se dice desde el Gobierno. 
Los dos casos más recientes y que elevaron a límites máximos la alarma, son las playas de Compostela- A Concha en Vilagarcía, y Cabanas en Ferrol. Las autoridades sanitarias a la vista de los controles decidieron que en ellas no se podía ejercer el sacro beneficio del baño por encontrar niveles superiores a los permitidos de la bacteria fecal Escherichia Coli y una contaminación microbiológica. Lo cierto es que, además de la medida prohibitiva, se debería profundizar más en los emisores autorizados y no autorizados, que dejan sus inmundicias a la vista de los bañistas cuando se producen las mareas vivas y se aprecia que muchos de ellos se encuentran en malas condiciones de conservación, por lo que no es de extrañar que de vez en cuando, como si de arterias humanas se tratase, el “colesterol” de baja estofa industrial o vecinal, haga que se “infarten” y viertan sus contenidos en las aguas que deberían ser para disfrute de niños y mayores, y no para aumentar las listas de urgencias de centros hospitalarios y que las diarreas y vomitonas campen por doquier. 
Todos tenemos responsabilidad en el tema. Como usuarios porque no sabemos comportarnos a la hora de recoger los residuos que producimos; los mariscadores, que no se preocupan nada más que de la extracción del producto a costa de lo que sea; los inspectores encargados de la concesión de las banderas azules que deberían intensificar en sus informes los motivos tan negativos que se encontraron en las  playas; Costas porque suya es la competencia en todo lo relativo a estas zonas; ayuntamientos y diputaciones que deberían esforzarse más en la limpieza para que no se conviertan  en vertederos. Y la jurisdicción estatal y autonómica en materia industrial para controlar a donde mandan los residuos, los vertidos y las aguas fecales las empresas que trabajan en zonas tan cercanas a las playas y las viviendas situadas en paseos y al borde de los lugares de baño. 
En fin que la negligencia de muchas personas hace que los bañistas tengan que hacer un éxodo obligatorio hacia otros arenales. Dos playas tremendamente familiares, Vilagarcía y Cabanas, se ven solitarias. Una situación en la que todos tenemos culpa.