• Martes, 17 de Octubre de 2017

Techo de estrellas

Un otoño más vuelvo a reclamar en el desierto por esas personas que viven en la calle, los que como techo tienen las estrellas, los sin techo.

Un otoño más vuelvo a reclamar en el desierto por esas personas que viven en la calle, los que como techo tienen las estrellas, los sin techo. No me cansaré de reivindicar los derechos de los que sufren las consecuencias de dormir a la intemperie, en las diminutas dimensiones de un cajero bancario, un medio soportal o el saliente de una casa. 
Por no olvidar a los que lo hacen en unas derruidas paredes de una vieja edificación, por llamarla de algún modo, considerada como infravivienda donde la necesidad se hace norma, se hace ley de convivencia y se da la mano con la salubridad para los que comparten largas noches de frío, lluvia y muchos sinsabores que desconocemos en nuestra propia piel. 
Desde Cáritas, la institución que ocupa gran parte de mi tiempo como periodista jubilado, insistimos con fuerza en la campaña “Nadie sin hogar”, que va camino de cumplir un cuarto de siglo de vida, poniendo en la calle y acercando a la conciencia de cada uno de nosotros el lema “Por la dignidad. Nadie sin hogar”. Nuestras iniciativas, sobre todo en la calle que es el medio natural de su día a día, intentan, como objetivo principal, sensibilizar sobre la dificultad en el acceso, sostén y garantía de los derechos fundamentales: vivienda, salud, protección social, etc. de las personas que mayor exclusión sufren, esas personas en situación de sin hogar. Vuelvo a incidir e insistir en un mensaje de dignidad, de derechos, de posibilidades, de rostros. De esas personas concretas que ponen nombre y piel a las salvajes cifras del descarte y la exclusión.
Las iniciativas previstas para estos días, con actos reivindicativos en las calles hoy jueves a modo de flashmob, pretenden remover nuestras conciencias para abrirnos los ojos e incidir en que las personas en situación de sin hogar son, ante todo, personas, seres humanos con plena dignidad. La dignidad humana es algo incondicional y, por lo tanto, no ha de ser reconquistada o ganada a través de ningún medio. 
Pretendemos que los sin techo se hagan visibles. La visibilidad es un elemento fundamental para la dignidad de las personas en situación de sin hogar. Si no te veo, si no te reconozco, no puedo reconocerme en ti, no puedo poner en valor la dignidad que nos une e iguala como seres humanos. 
Apelo, una vez más, a tu conciencia porque no olvides que tus derechos, mis derechos, son sus derechos; porque las situaciones que atentan a la dignidad de cualquier persona ponen en cuestión mi propia dignidad. Y los sin techo, los que se envuelven todos los días con el manto de las estrellas, tienen su propia dignidad.