• Martes, 12 de Diciembre de 2017

SELFIES POLÍTICOS NADA CREÍBLES

Cuando faltan cuatro meses para que los españoles volvamos a votar, en este caso para decidir quiénes nos van a gobernar a nivel estatal, los políticos quieren sentirse más próximos a los votantes. Pretenden acercarse lo máximo posible a los ciudadanos. El voto está en juego. Y la supervivencia, en los próximos cuatro años, está en manos de los que hace tres meses les dieron un voto de castigo a PP y PSOE para favorecer las nuevas corrientes de misturas o alianzas de colectivos ciudadanos, que buscaban alcanzar el poder para  hacer lo que decían que no iban a hacer y que están haciendo.
El intento de proximidad, de cercanía, se nota en los políticos populares encabezados por su presidente, Mariano Rajoy Brey, que pretenden ahora hacer lo que apenas hicieron durante esta legislatura: el contacto directo con el pueblo. 
El líder del Partido Popular se ha mostrado bastante en público durante estas jornadas de descanso veraniego en Galicia. Y lo ha hecho como si tratase de entrar en el libro Guinnes de los Récords con sus selfies para mostrarse cercano con los vecinos que le salían al paso en corredoiras, sendas del agua y de la piedra, cuando visitaba una tía, o en piscinas naturales, de aguas más bien frías, existentes en las zonas altas de nuestras sendas montañosas de difícil acceso para la mayoría 
Un cambio en la forma de hacer política con la foto propia y personal con una cámara vacacional o el teléfono móvil. Una idea que le han inculcado los nuevos responsables del equipo director de campaña encabezado por Jorge Moragas, el hombre que siempre va un paso detrás o a su izquierda, que es de esperar destierre definitivamente a Pedro Arriola, el comunicólogo hacedor de encuestas y sondeos que metió en demasiados charcos y lodazales al líder de los populares. 
Quienes crean que los que les piden una foto lo más cercana posible les van a votar, se equivocan. Se trata solamente de lo que yo llamo la moda selfítica, que requiere proximidad al ciudadano y acceder a sus requerimientos, lo que antes significaba dar la mano al candidato de turno y ahora se fundamenta en desear una fotografía con el político al que quizás no vote nunca.
Para mí, los selfies políticos no son nada creíbles. Son la avanzadilla más importante de las redes sociales para que aumente el número de coleccionistas que, en carpetas o en el escritorio de su ordenador, metan fotos y fotos como antes hacíamos los niños con los autógrafos de los jugadores de fútbol. 
Las modas no cambian, son cíclicas. El papel y bolígrafo ahora se sustituye por una tablet, una cámara de juguete o un teléfono móvil. Del otro lado el político sonriendo de manera forzada, nada creíble. Lo que le pasó a Mariano Rajoy en su estancia  por tierras gallegas. Muchas fotos pero  pocas iniciativas que abran el camino, la  vía  de solución para  los múltiples problemas que tenemos  los gallegos.