• Martes, 24 de Octubre de 2017

YO QUIERO UNA ASESORÍA VERBAL

Nunca me pude imaginar que la conversación distendida, con sofá o sin él, el consejo directo o la charla más o menos informal, aunque formal en la búsqueda de objetivos para el que recibía la información, estuviera también pagada.
Me refiero a ese eufemismo que está en los ambientes mediáticos, periodísticos, tertulianos y a la hora del café de media mañana, que se ha querido enmascarar llamándole: Asesoría verbal. Sí, asesoramiento de palabra puesto que los papeles, los informes y las anotaciones las carga el diablo y uno no sabe en qué manos pueden caer. Algo en lo que son expertos el actual embajador de España en el Reino Unido, Federico Trillo-Figueroa y Martínez-Conde, siendo miembro del Congreso, y el actual diputado y portavoz en asuntos económicos, Vicente Martínez-Pujalte López .
Las pocas explicaciones directas que conocemos –las indirectas son comunicados de prensa– me parecen bochornosas. Uno de los implicados, Martínez-Pujalte, cuando Pepa Bueno en “Hoy por hoy” de la Ser le apretó las tuercas y centró el tema en lo ético, se limitó a referirse a la legalidad. Pero, ¿qué legalidad?, me pregunto. El entrevistado, revolviéndose como león acorralado, se defendió diciendo que en su día recibió la aprobación del Congreso para ejercer labores profesionales fuera de la exclusividad que tiene con la Cámara Baja. Hasta aquí todo parece correcto.
Pero creo que lo incorrecto es que ocultase que las labores profesionales serían de asesoramiento para una empresa que accedía a concursos públicos y de la Administración. En este caso se vuelve a topar uno con la incompatibilidad expresa y manifiesta para cargos públicos de elección y que se sientan en el Congreso de los Diputados. Y me pregunto: ¿Qué hacían unos diputados asesorando a una empresa constructora y vinculada con el sector eólico?
En todo este proceso quisiera conocer la opinión de los responsables de la institución religiosa a la que pertenecen estos dos políticos. ¿Respaldan su actuación? ¿Son conscientes del daño colateral que pueden causar?
Me gustaría, por envidia sana, que alguien me ofreciera una asesoría verbal y me pagase entre 5.000 y 9.000 euros al mes. El problema es que yo no toco poder, no tengo información privilegiada, no muevo círculos de influencia y no manejo determinados hilos. Eso es lo que se paga y no la charla distendida en un sofá enmascarada como asesoría  verbal. Uno no deja nunca de aprender ni de sorprenderse. Y luego los emprendedores devanándose las neuronas buscando fórmulas para poder llegar a final de mes. País… paisaje… y paisanaje…