• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

Políticos en rodajas

El melón es una de mis frutas preferidas. Mi inclinación hacia este producto del campo, que en su interior

El melón es una de mis frutas preferidas. Mi inclinación hacia este producto del campo, que en su interior contiene el 90% de agua, es algo heredado de mi abuelo materno que era de Valladolid. Y me gusta comerlo en rodajas.
En estos momentos en la vida política que engrasa la diaria de cada uno de nosotros, hay tres melones que nos van a deparar sorpresas una vez que se abran. Son los melones orgánico/políticos de populares, socialistas y podemitas. Las catas previas para conocer su interior no han servido para nada y los golpes exteriores tampoco. Los distintos frentes, en forma de rodajas, están abiertos y cada melón nos va a dejar al aire grados de madurez y sabor más o menos dulce o agridulce.
El melón popular, bastante curado y en plena sazón, tiene en su interior dos rodajas con nombre de mujer, Soraya Saénz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Cada una de ellas quiere irse posicionando para cuando Rajoy deje la presidencia del partido y del Gobierno. Las dos son políticamente muy ambiciosas. Una, la vicepresidenta, está comprometida con cuestiones catalanistas para frenar el independentismo que pulula por aquellas tierras, y la otra está un tanto alejada visitando a las fuerzas militares que tenemos en el exterior desde el ministerio que ostenta. La primera quiere más poder orgánico y la segunda no perder el que tiene actualmente.
Los socialistas en su recorrido hacia la nada después de un largo camino por el túnel del tiempo, y sin ver la luz al final, se enfrentan a un melón que en muchas de sus partes va a estar además de maduro, bastante inservible para comer. Sus rodajas son muchas y diferentes, y denotan un partido totalmente dividido y con unos posicionamientos que van a quedar a flor de piel con zonas demasiado maduras, quemadas por el tiempo y que van a ser incomibles. Una mujer, Susana Díaz, y dos hombres, Patxi López y Pedro Sánchez, en otro tiempo amigos y compañeros de aquel tren que tenía como meta el “no” a Rajoy, con sus respectivos posicionamientos van a producir un desgarro cada vez mayor en un melón que va a tener poco que comer.
Los podemitas van dejando en el camino rodajas de melón intragables por haber madurado con demasiada rapidez. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se están cuestionando y reprochando, todo aquello que uno ni podía imaginarse cuando les veía abrazarse en la tribuna política de oradores. Todo ello en aras de conseguir el poder absoluto en un partido que por momentos huele intensamente a descomposición. En Vistalegre, el lugar donde hace pocos años comenzaron a caminar por los vericuetos de la vida política diaria y se abrazaron profundamente, tendrán que dirimir sus fuerzas. Como en el coso romano uno vencerá y el otro será sentenciado a la muerte política con el pulgar bocabajo como hacían los emperadores romanos.