• Martes, 24 de Octubre de 2017

DOS PERIODISTAS IRREPETIBLES

No estoy para analizar los hechos de cada día. Hoy me he mirado al ombligo como periodista y he visto pasar con celeridad una vida dedicada a ser notario de la actualidad. Por eso hoy quiero hablar de dos compañeros irrepetibles. Y que estén donde estén seguro que están hablando de cómo exprimir al máximo la noticia para que los lectores la digieran de la mejor forma posible.
Con uno de ellos, Alvite, hice mucho periodismo de calle. Nos salieron juntos los dientes en esta profesión. Hicimos de todo. Tocamos todos los géneros periodísticos en este oficio de juntar palabras para transmitirlas a los lectores. Al otro, Mirás, lo conocí cuando ya se había hecho un hueco importante en la profesión. Y con él también pise la calle, no la periodística, sino la de hablar del cada día. De la lucha diaria y de no ponernos metas a largo plazo.
José Luis Alvite y Nacho Mirás son periodistas de dos generaciones distintas con cerca de cuarto de siglo de diferencia, pero marcados por la genialidad a la hora de redactar, donde la metáfora,  la retranca, el doble filo y el sentimiento de la vida vivido al ras de la acera, quedaban patentes en cada nuevo trabajo del que nos dejaban disfrutar todas las mañanas. También fueron coincidentes al ocupar un hueco en el dial de la radio. En las ondas dejaban escuchar sus ágiles comentarios en los que siempre impregnaban una aureola de lo desconocido, como si los dos se unieran cada noche en la barra del Savoy.
En “La Voz de Galicia” desgranaron sus mejores piezas periodísticas. Uno, Alvite, siendo el rey de los sucesos. Sus crónicas deberían ser estudiadas por los alumnos de periodismo. Y el otro marcando un estilo claro, entre los sonidos de la gaita, a la hora de sacar lo mejor de los entrevistados en la contraportada de su periódico.
Jóe –José Luis Alvite– y Rabudo –Nacho Mirás– nos dejaron cuando más los necesitábamos para el ejercicio de nuestra profesión, tan ausente de figuras como las que ellos representaron. Fueron coincidentes en muchas cosas. Los dos tenían la profesión dentro de sus respectivos hogares. Estaban casados con sendas periodistas. 
Nacho decía siempre que bebía de la fuente clara de su maestro, Alvite. Y este comentaba que el vigués, gaiteiro y retranqueiro era el gran vitalista de la vida profesional. En los últimos tiempos pasaron muchas horas juntos en las salas médicas. En ellas  hacían proyectos .Y en ellas nació también la idea de que Nacho juntase todas las crónicas de la red para hacer un libro que le prologó el compostelano. 
Los dos fueron merecedores en vida de mejores reconocimientos por parte de la profesión  y de los poderes periodísticos. Alvite recibió el premio Diego Bernal. Recuerdo que cuando le comuniqué el acuerdo de su concesión me dijo: “Espero no recibirlo de cuerpo presente”. Me quedé mudo. Mirás, además del premio del Colegio de Abogados, último que le concedieron, dejó tras de sí una legión de seguidores de Rabudo. Con sus crónicas hizo un gran bien a muchas personas con dolencias  como la suya.