• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Dos ebo reconocer que Carles Puigdemont me produce dos efectos

Dos ebo reconocer que Carles Puigdemont me produce dos efectos encontrados: risa y pena. Cada vez creo más que sus actitudes de estos años, culminadas con la proclamación de la independencia y la República más corta en el tiempo, demuestran que por su torrente cerebral las cosas no funcionan ni a la perfección ni acompasadas, y que no sería malo pedir ayuda a un profesional –psiquiatra o psicólogo–para que le digan por dónde debe caminar su descarrilado intento secesionista y golpista que durante tantos meses ha traído de cabeza a los españoles, generando peligrosos enfrentamientos en la calle.
Ahora pretende hacer lo mismo con los europeos después de su viaje a hurtadillas y casi de tapadillo a las tierras de Bruselas.
En verdad es de psiquiatra. Es de una demencia soberanista enfermiza que no ve más allá de su nariz de Pinocho, como escribí en más de una ocasión. Una nariz que le sigue creciendo de forma alarmante a Carles Puigdemont, experto en enlazar mentira con mentira para defender sus posicionamientos que no tienen defensa.
Como en la ruleta ya que él durante muchos meses estuvo jugando a la ruleta rusa, y en cualquier momento la bala de la recámara le va a saltar sus sesos enfermizos de independentismo, creo que ¡¡¡No va más!!!
Basta de jugar con todos nosotros y seguir insuflando a los catalanes que lo han seguido a pies juntillas unas ideas irrealizables basadas y fundamentadas en mentiras reiteradas.
Creo que a Carles Puigdemont, y a sus compañeros de Ejecutivo y de Parlamento, las teorías de Joseph Goebbels le son muy cercanas.
Recordemos que el manipulador alemán, responsable de grandes atrocidades y de la propaganda del régimen nazi, decía de forma reiterada que una mentira repetida mil veces se convertía en una verdad. ¿Le suena esta cantinela, Puigdemont?
Se baja el telón. El público sigue sentado en sus asientos atónito. Espera otra película distinta, pero lo cierto es que ya no hay guion. Los espectadores secesionistas, independentistas, separatistas, que ocupaban la calle con la estelada colgada al cuello y viviendo de los presupuestos de las administraciones púbicas, a cuyas arcas aportamos todos los españoles nuestros pecunios, se hacen una pregunta: ¿Y ahora de qué voy a vivir…? Os recomiendo pico y pala, amigos tendenciosos.
Y termino volviendo a referirme a Carles Puigdemont. Por mucho que en tus currículos digas que eres periodista yo no te reconozco como tal. Los que hemos ejercido este maravilloso oficio –en mi caso durante cerca de medio siglo– seguimos manteniendo el principio básico de que las noticias son sagradas y las opiniones libres. La mentira ha sido tu bandera y seña. Eso no lo puede hacer un periodista. Tú no lo eres, Puigdemont.