• Jueves, 14 de Diciembre de 2017

LUSCO E FUSCO PRESIDENCIAL

Vengo comprobando que en los últimos tiempos el presidente de la Xunta y del PP gallego, Alberto Núñez Feijóo, viene dejando sobre el tapiz político una serie de mensajes que en otro tiempo se podrían considerar como avisos para navegantes… Lo hace en relación al posible atillo que tenía que coger para incorporarse a la política nacional; mandatos al frente del Gobierno; la proclamación de candidato y presidente de su fuerza política para los próximos tiempos, o para dar cuentas de las posibles mejoras  en el campo de lo social.
En sus mensajes quiere dejar diferenciado el campo político y el de la ayuda social. Y lo viene haciendo en declaraciones o entrevistas diferenciadas según los medios de comunicación de que se trate. La más reciente ha sido muy demarcadora. Marcó una línea paralela que no se llegó a tocar para dejar claro el posicionamiento de un líder del partido mayoritario  en Galicia y la acción de Gobierno para ayudar a los sectores de la sociedad que más lo necesitan. Lo hizo  también mostrando diferencias con los posicionamientos políticos que se mantienen en las estructuras nacionales y dejando mensajes para que sean escuchados por sus compañeros de partido.  
De los mensajes yo destacaría tres: que fue el primer político que se sometió en Galicia a unas primarias; que es partidario de que los mandatos al frente de las instituciones estén limitados a ocho años, y que hay que profundizar en la reforma electoral. En el terreno de la ejecución directa abogó por aumentar los fondos sociales para mejorar las condiciones de apoyo a los que peor lo están pasando, por lo que dejó el mensaje de una posible modificación de la Risga. 
La labor de Feijóo al frente del Ejecutivo y del partido tiene una especie de lusco e fusco. En mi comentario me haré eco de algunas sombras: la fusión de las cajas de ahorros; el nulo entendimiento con los funcionarios; el mantenimiento de las asistencias técnicas que siguen recortando trabajo a los funcionarios de carrera; el incumplimiento casi total de la promesa en cuanto a la desaparición de los “chiringuitos” con los que se encontró cuando inició su mandato, y de algún que otro organismo que trabaja en el campo de lo económico y social… Son breves pinceladas en lo que hace referencia a la acción de Gobierno. En lo relativo al partido está la batalla que nunca llegó a ganar en Ourense; las cabeceras de listas electorales con candidatos sin apenas tirón; la tardanza en llegar a acuerdos parlamentarios para la renovación de instituciones, permitiendo interinidades o prórrogas excesivas llegando al límite del tiempo parlamentario; el frenazo en las fusiones de concellos, o que la tensión alcanzase el punto de ebullición más elevado en el Ayuntamiento de Santiago.
Para Feijóo, el gran reto será 2016, año electoral. Por el momento no dejó laro si se iba a presentar a una nueva reelección o no. Tan solo que en el primer trimestre de ese año habrá un Congreso del PPdeG, en el que se elegirá al presidente del partido y al que busque los votos para conseguir la presidencia de la Xunta.