• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

La nariz de Puigdemont

De niño siempre me decían que no mintiera porque

De niño siempre me decían que no mintiera porque si lo hacía todos se enterarían al crecerme de forma desmesurada la nariz… Y para aumentar la leyenda urbana me hablaban de Pinocho, una marioneta de madera a la que le dio vida en su taller el carpintero Geppeto. La trama, con nariz incluida, parte del libro escrito por Carlo Collodio titulado “Las aventuras de Pinocho”. Una narración infantil muy dura por momentos y que muchas veces he pensado que no estaba destinada a concienciar a los de menor edad.
Traigo a colación la historia de Pinocho porque se asemeja mucho a lo que está ocurriendo con el presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont. Una historia muy parecida al muñeco creado entre gubias, limas, cepillos, martillos y maderas.
Porque Pinocho es una marioneta de madera, inanimada si no es por la mano humana. Puigdemont también ha sido una marioneta política. En un caso de los hilos del muñeco de madera tiraba Geppeto, y en el del presidente catalán lo hacía Artur Mas, el inhabilitado, que también fue movido por los hilos que manejaba Jordi Pujol, al que le llevaba a su despacho el mejor café de la primera hora del día .En la actualidad los hilos los mueven Oriol Junqueras, vicepresidente del Gobierno catalán, y los integrantes de la CUP que son los que mantienen en el cargo al jefe del Ejecutivo.
La diferencia entre el muñeco de madera y el político es que el primero tuvo un hada madrina que le recordó que cada vez que mintiese le crecería la nariz. Al presidente catalán nadie le advirtió del crecimiento del apéndice nasal y, metafóricamente, se le ha desarrollado de forma alarmante. Encadena mentira tras mentira en los últimos tiempos. Yo diría que desde que tomó posesión de forma inesperada, en el último minuto y por los pelos, de la presidencia de la Generalidad.
Muñeco y humano han tenido también su Pepito Grillo. Al de madera le aconsejaba que no fuera por un camino determinado y la marioneta, convertida en humano por decisión del hada madrina, le hizo caso. Por su parte el Pepito Grillo de Puigdemont, que también lo fue de Mas, fue Josep Antonio Duran i Lleida, un honrado político que se fue separando de los convergentes a medida que se fueron descubriendo las numerosas corruptelas que se daban en su partido/coalición, y la deriva hacia los desmesurados deseos de independentismo y secesión.
Sería difícil poder medir los centímetros que le ha crecido la nariz al presidente catalán. Lo cierto es que las mentiras son constantes y siempre teniendo como diana aquello de que: “España nos roba”. Y ahora una nueva frase: “España deja que nos maten”. Sería muy prolijo y cansino enumerar al lector la larga ristra de mentiras. Cada nuevo amanecer nos desayunamos con alguna nueva de la que se hacen eco los medios de comunicación. La última, para mi muy grave y demarcadora de la pasta de que está hecha el jefe del ejecutivo catalán que quiere ser presidente interino de la República de Cataluña, está relacionada con los atentados de los yihadistas. Llegó a mentir hasta en dos ocasiones seguidas. En un país democrático los políticos mentirosos dejan su cargo por coherencia. Algo de lo que carece Puigdemont, el de la larga nariz por mentiroso.