• Miércoles, 18 de Octubre de 2017

Hoy igual que ayer

Si mi memoria no me falla, llevo tantos estados de la autonomía como los que se llevan celebrados en las dos sedes del Parlamento.

Si mi memoria no me falla, llevo tantos estados de la autonomía como los que se llevan celebrados en las dos sedes del Parlamento: palacio de Fonseca y Hórreo. En ellos sus señorías dejan sobre el hemiciclo sus propuestas para conseguir los mejores logros para Galicia. Se trata de un acto repetitivo que vale para muy poco.
Desde la bancadas del grupo que sustenta al Ejecutivo se hace balance de las grandes realizaciones del último año y los parlamentarios opositores buscan la controversia y, en ocasiones, la descalificación. Es la pugna dialéctica del cuerpo a cuerpo, en la que suelen aflorar algunos malos modos faltos de la más mínima cortesía por parte de los más vehementes.
Recuerdo los primeros debates de este tipo. Los celebrados en el palacio de Fonseca que se hacían eternos. Duraban horas para que en ellas los parlamentarios pudieran consumir no unos minutos de gloria sino las horas eternas de plantear temas y encontrar pocas soluciones. En algún caso superábamos la media noche sentados en el banco de los periodistas y tomando notas para luego elaborar las crónicas de la sesión.
Eran años de cambios, cuando un Gobierno tripartito, nacido de una moción de censura, instauraba en 1989 el primero de los debates. Ha transcurrido un cuarto de siglo y el sistema ha cubierto un largo, penoso y difícil camino muy desprestigiado y con una corrupción a flor de piel que azota a la práctica totalidad de los partidos.
Escribo este artículo cuando los grupos de la oposición seguían ejerciendo su derecho de crítica y réplica a lo planteado por el presidente de la Xunta. Un Feijóo, emocionado y con un mensaje a modo de despedida, dejó sobre el estrado una serie de cuestiones, desgranando los departamentos de su Ejecutivo y haciendo balance del mandato. De entre todas destaco tres: nuevas políticas para los momentos actuales (incluidos los electorales), potenciación de lo relativo a la atención social (bastante olvidado en los últimos años), y deducciones fiscales (esperadas y demandadas desde hace tiempo). Tres aspectos recurridos y recurrentes para cualquier líder político que encabeza un gobierno y que pretende repetir mandato. 
En el casón del Hórreo comenzó la cuenta atrás para las próximas contiendas electorales: generales a finales del año y autonómicas en el siguiente. Cada fuerza política se ha posicionado. Y no hay nada original que nos haya sorprendido por su novedad. 
Sigo pensando lo mismo que hace muchos años. Que el estado de la autonomía sirve para que los parlamentarios justifiquen su sueldo. Para que se miren al ombligo. Y para que un año más el pueblo ni se entere ni se interese por lo que ocurre en el salón de sesiones. Los parlamentarios cumplen su papel, con un guion más o menos escrito, y los ciudadanos tomamos algunas notas que luego intentamos descifrar cuando emitimos nuestro sufragio en las urnas.
Ha transcurrido más de un cuarto de siglo y todo sigue igual. Nada nuevo en el horizonte parlamentario. Un trámite al que los parlamentarios se someten porque está escrito por ley.