• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Eurovisión y primarias

Reconozco que hace muchos años que el Festival de Eurovisión

Reconozco que hace muchos años que el Festival de Eurovisión no me despierta el más mínimo interés. Pasé de un calor tórrido, hace ya bastantes años, a un frio glacial que corre por mis venas de eterno amante de la música bien hecha y de los festivales musicales con garra y que aportan algo al mercado sonoro y visual a través de las corcheas.
El pasado sábado, rompiendo mi costumbre, retrocedí bastantes años y me situé en aquellas épocas de la televisión en blanco y negro y posterior color difuso para intentar seguir ese festival que ya tiene muy poco de eurovisivo cuando dejamos que participen países que nada tienen que ver con los postulados para lo que se creó, que era enlazar países europeos a través de las 625 líneas y por medio de la música, y encima algunos son de nuestras antípodas.
Y como en aquellos años, cuando se juntaba la familia y algún vecino más de pisos colindantes que no tenían televisor, me preparé adecuadamente - con una tableta de chocolate en la mano a la vieja usanza- para seguir durante un tiempo el espectáculo que nada tiene que ver con el de épocas pasadas . Ahora el certamen se desarrolla a un ritmo frenético, muy cargado de luces y nuevas tecnologías que generan un espectáculo muy bien pensando para los fans y adictos que son legión en todo el continente.
Como resumen patrio decir que para mí el Festival de Eurovisión en la parte española, tiene una gran semejanza con el partido de los socialistas que este fin de semana se pueden hacer el harakiri. En ambos casos las primarias -en televisión los votos del público y en el partido de Pablo Iglesias los militantes- tenían que elegir a los candidatos. En la televisión no fue así y en los socialistas sí. Pero luego el comité federal -jurado para la televisión- acordó cambiar lo que los votos habían decidido. Y en ambos casos las cosas han ido de mal en peor desde entonces.
El cantante portugués Salvador Sobral me hizo recordar las épocas baladistas del festival, aunque en esta ocasión con marcado acento de fado, con su canción en verdad bella y compuesta por su hermana. Los Sobral rompieron todos los moldes eurovisivos. Del representante español Manel Navarro poco que decir. Alguien le llevó al borde del barranco musical del que le costará trabajo salir.