• Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Carreteras en mal estado e inseguras

El tema de la seguridad vial me ha preocupado siempre. En una ocasión, como experto en la materia, fui invitado, en representación del Colegio de Periodistas, a comparecer ante la comisión correspondiente del Parlamento de Galicia. A los parlamentarios les recordé que soy de los convencidos de que los dineros que se inviertan en ellas están bien empleados y nunca se puede considerar un gasto, como dicen algunos políticos que siguen sin saber distinguir entre inversión y gasto.
En mis manos tengo un reciente informe firmado por la Fundación Mafre y la Asociación Española de la Carretera, en el que se profundiza, de forma muy acertada, sobre el estado de nuestras vías de comunicación terrestres y en el que se presenta como una de las conclusiones más claras lo poco que se invierte en ellas para mantenerlas en buen estado de conservación. Un abandono que está ocasionado serios problemas a los que las tienen que utilizar y que, por desgracia, su mala conservación origina muchas veces pérdidas de vidas. Un dato muy preocupante que deberían tener muy en cuenta los responsables políticos y los que se encargan de la  gestión de nuestras vías circulatorias. 
Profundizando en el extenso y documentando informe, encuentro algo que no puedo pasar por alto: si se desdoblaran las carreteras convencionales, o sea, las que tienen un único carril por sentido, y se equiparara su seguridad a la de las autovías y autopistas podrían evitarse 752 muertes al año. Más datos a tener en cuenta que se citan en el estudio: mejorar las intersecciones en las carreteras, los márgenes, la iluminación de las travesías y eliminar los tramos de concentración de accidentes reportaría una reducción del 21 por ciento de las víctimas mortales. 
La investigación desvela el mal estado de conservación en el que se encuentran muchas carreteras, tanto las de nivel local, comarcal y regional como  muchas de las nacionales, autovías y autopistas En tal sentido se constata que el uso de las autovías y las autopistas en lugar de carreteras secundarias ha salvado la vida de casi veinte mil personas en los últimos diez años. ¡Casi nada!
Considero que las medidas puestas en marcha en los últimos años para reducir el número de fallecidos en las carreteras han llegado a su  máximo exponente. Su eficacia no puede seguir produciendo resultados mejores, ya que el estado de nuestras vías de circulación es un desencadenante bastante importante a la hora de los accidentes. La tasa de alcohol y la superación de los límites de velocidad se unen al mal estado de las zonas de circulación limitada, originando un cóctel muy macabro y con una incidencia demasiado importante para que no se tenga en cuenta. Es necesario que se busquen nuevas fórmulas para reducir la siniestralidad en nuestras carreteras. Cada nuevo puente, cada nueva salida vacacional, nos da un vuelco el corazón al comprobar las cifras de las personas muertas en accidentes de circulación. Son escalofriantes y para echarse a temblar.