• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

Cambio de cromos

En mis épocas infantiles me encantaban

En mis épocas infantiles me encantaban los domingos por la mañana. Al salir de misa, y antes de que con mis padres nos fuésemos a comer, teníamos un tiempo libre y especial para juntarnos con otros niños y llevar a cabo, con total seriedad, lo que ahora se conoce como trueque, pero que a mí me gusta seguir llamándole cambio de cromos. En nuestro lenguaje y modo de expresión esta operación dominical consistía en el intercambio de cromos repetidos (repes, para los modernos). La habilidad de cada uno era fundamental a la hora de conseguir los que necesitabas para seguir completando la colección de turno: animales, automóviles, países o futbolistas, que eran los más preciados.
Ahora, casi seis décadas después, vuelvo a sentir la misma sensación cuando, entre bambalinas, las declaraciones y los mensajes, por regla general pagados, de los tertulianos/pontificadores mueven las fichas dialécticas del consejo y la recomendación –nunca gratuita– al acercarse la hora en que los políticos consignen sus poltronas, sus lugares dentro del áurico mundo de las influencias con nuestros votos y actuando siempre, como dicen, llenándoseles la boca defendiendo la democracia y el bien común. Supongo que en esa defensa están también incluidos los miles de corruptos imputados/investigados y los ya condenados, que son en verdad los menos.
Cuando las Cámaras de representación –Congreso y Senado– se van a constituir oficialmente, comienzan a enseñarse los “cromos” sus señorías para ocupar los distintos puestos de representación que, además de más poder, les otorgan mucho más dinero en la nómina de final de mes.
Supongo que los diálogos serán muy parecidos a los que usábamos los niños de mi generación. “Te cambio a Kubala por …”. La otra parte negociadora respondía: “¿Y qué más me das?”. Ahora los cromos de los futbolistas de mi época se transforman en lugares en las mesas del Congreso y Senado, portavocías de comisiones y un largo capítulo de prebendas de las que disfrutan los elegidos en las urnas. Y en todo ese proceso negociador de cambio de estampitas está la gobernabilidad de un país.
Quiero pensar que si el día 19 nuevamente ocupa el sillón de presidente del Congreso el socialista Patxi López estaré más tranquilo. Ello va a significar que en la segunda votación Mariano Rajoy saldrá elegido presidente con más votos afirmativos que negativos. En ese intercambio de “cromos” los de Ciudadanos también conseguirán algunos de los que son más exclusivos. En el aire tres posibilidades: coalición de Gobierno; pacto de legislatura o acuerdos puntuales. Ellos, los políticos, tendrán que escoger. Todo menos que se convoquen unas nuevas elecciones. Serían las terceras y el país no está en condiciones de pasar por eso. En fin, igualito que en mis épocas infantiles, pero con la salvedad de que ahora estamos jugando con el futuro de más de 40 millones de españoles.