• Martes, 24 de Octubre de 2017

Abrir el melón, ¿qué tiene dentro?

Mi abuelo, que era de Valladolid, sabía mucho

Mi abuelo, que era de Valladolid, sabía mucho de melones. Me enseñó que para conocer lo que nos íbamos a encontrar una vez abierto, y saber si se podía comer porque ya estaba maduro, eran necesarias dos maniobras: una pequeña cata y darle un ligero golpe. Y siempre me repetía lo mismo, “hasta que no lo abras no sabes si es comible o tienes que tirarlo a la basura”.
Traigo a cuento este pasaje de mis épocas infantiles, porque el melón de la política se abrió el pasado fin de semana de la mano de los socialistas y tenemos que esperar para ver lo que nos encontramos dentro. Las catas previas no han servido para nada y los golpes exteriores tampoco. Los distintos frentes, en forma de rodajas, están abiertos y cada melón que se vaya abriendo seguro que nos va a deparar muchas sorpresas, grados de madurez y sabor más o menos dulce. Veamos.
Los socialistas, después de un largo camino por el túnel del tiempo y sin ver la luz al final del recorrido, se enfrentan a un melón que en muchas de sus partes va a estar además de maduro bastante inservible para comer. Sus rodajas son muchas y diferentes, y denotan un partido totalmente dividido y con unos posicionamientos que van a quedar a flor de piel a la hora de la segunda votación de investidura.
El melón se abrió en dos mitades. Una comestible y la otra inservible. La primera pretende reconducir y reconstruir un partido que está roto en muchos pedazos. La que no se puede comer se mantiene enconada desde hace mucho tiempo otorgando grados de madurez inservible de la mano de los seguidores de Pedro Sánchez, que anuncia su vuelta y que ha situado a su partido con demasiada debilidad en muchos frentes.
El melón de los populares también nos puede deparar sorpresas. En su interior además de la más absoluta de las debilidades, unas rodajas de la mano de dos mujeres, Sáenz de Santamaría y Cospedal. Cada una de ellas quiere llevarse la mejor tajada en un futuro gobierno que, de no cambiar las cosas, va a ser muy débil y va a necesitar negociar tema a tema para ser aprobado.
Los ciudadanos cataron los melones de las dos fuerzas mayoritarias sin darse cuenta de que el propio estaba madurando demasiado y que ahora va a resultar un tanto ácido para comerlo.
Los podemitas son capaces de comerse cualquier melón que esté en su punto o pasado, siempre y cuando signifique tocar poder a nivel nacional a costa del populismo y la batalla en la calle.
Los melones de nacionalistas, independentistas, separatistas y esa larga caterva de fuerzas, ya sabemos lo que tienen dentro y son incomibles. Son ácidos y su ingesta puede producirnos una auténtica diarrea gastrointestinal. La mental la tienen ellos…