• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Ropa de verano

El verano impone su manera de vestir. Yo no sé mucho de modas, costumbres y usos en el atuendo diario.

El verano impone su manera de vestir. Yo no sé mucho de modas, costumbres y usos en el atuendo diario. Me quitan de Zara, Cortefiel, todo a cien, los chinos y el Corte Inglés y mi ignorancia alcanza dimensiones enciclopédicas. 
Pero esto no me impide recordar a mi madre y sus previsiones para el estío o las familias que me rodeaban con su rataplán ceremonioso al llegar estos días. Y así continúo indagando en las gentes de hoy, por culpa de unas piernas que muy dificultosamente cumplen su misión y me retienen en la atalaya de un banco público, mientras los demás, a paso vivo, rechazan la presencia de ancianos que deberían guardarse en las reservas indias o los asilos desperdigados por La Coruña. 
Calendas que imponen estilo y elegancia. Espíritu e hidalguía. Educación y manera de conducirse. Como si se embutieran en una transparencia de trapos para hacer más hermosas y morenazas a las mujeres que cruzas al lado. ¡Bueno, y los chicos también! Vivimos unos tiempos que a poco que saques el pie de la sábana te tachan de homofobia cuando de lo que se trata es de pesar las almas o de huir de la nada de Anatole France. Un infinito que nos envuelve, pues de allí venimos y allí volveremos. La nada es un absurdo y una certeza: no se puede concebir, y, sin embargo, es. Porque lo paradójico del materialismo imperante es que se muestra incapaz de explicar fenómenos naturales como el fuego de Santelmo y los fuegos fatuos. El primero un meteoro ígneo que, al hallarse muy cargada de electricidad la atmósfera, suele verse en los mástiles y vergas de las embarcaciones, especialmente después de la tempestad. Y los segundos vienen provocados por la inflamación de ciertas materias animales y vegetales en putefracción, que forman pequeñas llamas que se ven andar por el aire a poca distancia de tierra… Estamos a un paso de ver desfilar la procesión de la Santa Compaña o adentrarnos en el bosque druida para que la protagonista de Bellini cante su “Casta diva” que a todos  nos pone los pelos como escarpias.