• Lunes, 20 de Noviembre de 2017

Tengo miedo de perder nuestra paz octaviana.

 

Tengo miedo de perder nuestra paz octaviana. Ese régimen de libertades conquistado a base de mil sacrificios y que amenaza venirse abajo por viento huracanado que sopla el frágil castillo de naipes.
El Estado de Bienestar se sacude una neumonía de agárrate y no te menees. Ya nos saltamos la etapa de ‘’invasión’’ bárbara. Los virus malignos han sobrepasado las aduanas y hecho presa en las instituciones más carismáticas. Cataluña y el país vasco jugando a desengancharse de la locomotora  española, jueces que autorizan ‘’honrar’’ la memoria de sanguinarios etarras y la lapidación de fotografías y símbolos de fuerzas armadas.
 Volvemos atrás el calendario. A Hitler en el libro de sus luchas para justificar invasiones. A proteger la mantequilla con el poder de los cañones. Al libertad para qué comunista. Al movimiento fascista y la conclusión que su victoria será producto de su descamisamiento político. 
Sin embargo, pese a este panorama, las últimas prospecciones españolas asustan con previsiones y aumentos de captación doméstica respecto al PSOE dividido y ese Pedro Sánchez –sin programa ni liderazgo nacional– salvo dar bandazos para alcanzar al Moncloa. Hoy el si quieres la paz prepárate para la guerra, ha sido sustituido por las causas que las originan. Como la kale borroka de los cachorros que movían los árboles en el país vasco para que otros recogiesen las nueces o ,actualmente, esos antisistema que pretenden cargarse todo, entre ellos las saneadas fuentes económicas que aporta el turísmo al Estado, a través de los chicos de Arran y su odio foráneo.
Más que nunca conviene abandonar temores y pensar en un restablecimiento rápido. Como la lumbagia sufrida por Rajoy pues, pese a sus defectos, sigue siendo cabeza gobernante. En él se cumplen las palabras de Cánovas del Castillo. ‘’Con la patria se está, con razón y sin razón, en todas las ocasiones y en todos los momentos de la vida...’’