• Martes, 12 de Diciembre de 2017

Lorca, sensibilidad y niebla

En el Rosalía, ciclo principal, Histrión Teatro, ofreció con aforos completos

En el Rosalía, ciclo principal, Histrión Teatro, ofreció con aforos completos dos representaciones de “Lorca, la correspondencia personal”, bajo la dramaturgia y delicadísima dirección y acierto de Juan Carlos Rubio. En una celda, una hora antes de ser asesinado, el poeta granadino evoca su correspondencia con familiares, amigos y gentes de toda condición y clase. Lorca por su embrujo guarda un rincón imperecedero en nuestro corazón. Es una nueva Iris mensajera de dioses o como Ladón guarda el árbol de las Hespérides gracias a sus cien cabezas que lo mantienen despierto y gargantas que emiten silbidos diferentes.
Pero además de su inspirada producción lírica y dramática, a la que añadir empresarial con La Barraca, lo rodea una fantasmagoría de oscuridad, niebla y luz donde equidistan lo femenino y masculino. Un puente de intimidad hacia el alma de quien sabía escribir con sangre unas bodas, cantaba al compadre herido que quería morir en su cama, hablaba de Nueva York, Sudamérica o elucubraba sobre nuestras gárgolas: “Chove en Santiago,/ meu doce amor./ Camelia branca do ar/ brila entenebrecida o sol”. Red tendida al espectador para atraparle como una mosca desdoblada en mujer y hombre. Excelentemente interpretados por Gema Matarranz y Alejandro Vera, protagonistas telúricos platónicos.
Descriptivo lenguaje escénico. Cuarto de estar andaluz. Mesa camilla, sillas, jaula, cortinas, cortinajes y lámpara. Actores que acceden por el patio de butacas y trastocan el escenario vaciándole hasta convertirlo en apartado de correos o cajas de seguridad de una entidad bancaria de donde van sacando los expedientes, cartas y objetos. Música original y espacio sonoro sureño, los cuatro muleros y otros zapateados y bailes, guardias civiles con tricornios charolados, cancionero gitano. “Moreno de verde luna/ anda despacio y garboso./ Sus empavonados bucles/ le brillan entre los ojos”.