• Martes, 24 de Octubre de 2017

La ardilla mareada

Más de una vez he visto en nuestros jardines de Méndez

Más de una vez he visto en nuestros jardines de Méndez Núñez alguna ardilla sorprendida correteando por las ramas de un frondoso y enorme árbol sito detrás de la fuente pequeña, cercano a una palmera y próximo al estanque de peces abrazado por el monumento a la insigna Concepción Arenal. Un bichoco inventado para que Walt Disney lo inmortalizase en su mundo mágico. Apenas veinte centímetros de longitud. Cola grande y peluda como plumero palpitante. Movimientos ágiles y vivos mientras hociquea gracioso al comer alimentos.
A tan singular personaje dedicó una de sus felices fábulas Tomás de Iriarte. Aquel ferviente humanista de vida tronchada (1750-1791) cuando todavía podría depararnos frutos excelentes. Porque las fábulas siempre aportan siquiera ‘’moralinas’’ para educar al personal. Así la conducta de nuestro alcalde Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, al recurrir a una cuestión de confianza (olvidando la remuneración de su rasputín particular, Iago Martínez) para aprobar unos presupuestos inestables de modificaciones en tres meses y anunciando una séptima por dos millones.
Comprobemos el paralelismo de la fábula y la gestión municipal. La ardilla mareada observa a un caballo alazán y osa criticar su galope obediente a espuela y rienda. ‘’Yo soy viva,/ soy activa;/me meneo,/me paseo;/ yo trabajo,/ subo y bajo,/ no me estoy quieta jamás’’. El buen potro-léase vecindario coruñés-que padece En Marea, replica analizando a sus mandamases: ‘’Tantas idas/ y venidas,/ tantas vueltas/ y revueltas,/ quiero amiga,/ que me diga:/ ¿son de alguna utilidad?... Remedamos al autor afirmando que muchos políticos son y serán ardillas si actúan frivolamente en la resolución de los variadísimos problemas sociales y urbanos que tiene pendiente de resolución La Coruña.