• Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

Companys y Puigdemont

Es curioso contemplar y estudiar a los hombres que se creen tocados por el destino. Solo saben de tareas titánicas y aventuras deslumbrantes

Es curioso contemplar y estudiar a los hombres que se creen tocados por el destino. Solo saben de tareas titánicas y aventuras deslumbrantes. Esta temporada, que revive nuestra injusta leyenda negra y los supuestos genocidios de los navegantes y colonizadores patrios, comparo el olvido del proceder de anglosajones, holandeses, franceses, belgas y rusos en sus compañas de rapiña y xenofobia mundo adelante… Sin duda encaramos el problema trágico del individuo enfrentándose a lo que le corresponde ser y no ser. Un relato biográfico donde la circunstancia interior propugnada por Ortega en su desvertebración nacional –soy republicano, pero no es esto– ha sido incapaz de concordarnos con el prójimo.

Las decisiones estos días de Carles Puigdemont me recuerdan a Luis Companys i Jover. Ambos pusilánimes y encerrados en su nacionalismo particularista. Dilema sin solución. Políticos débiles. Necesitados de diálogo, acuerdos, mentiras y propagandas. Confabulados con anarquistas, sindicatos y antisistemas. Menudos, ambiciosillos, politicastros y trapaceros. Es difícil averiguar dónde radica la verdad. Companys en 1934, leída su proclama de rebeldía, exclama: “Ahora no podrán decirme que no soy catalanista”. Y hogaño, el presi de la Generalitat suspira la duda hamletiana de ser independiente o no. Iluminados. Companys asume su fusilamiento con entereza. “Estaba más tranquilo que todos nosotros”, confesará su defensor. Yo me permito dudar más de la conducta del Muy Honorable sometido a mil presiones para adoptar una decisión ante el rifle 155 que lo tiene encañonado. De todas formas, siquiera por dignidad profesional, debería mantener el tipo. Empecinamiento, frustración y mediocridad lejos de su modelo. Companys, sereno, bebiendo una botella de cava la última noche, abrazando de madrugada a su defensor, al que entrega los gemelos: “No os puedo pagar; pero guardad esto como prenda de gratitud”. La leyenda romántica dice que se descalzó ante el piquete para morir pisando tierra catalana...