• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

Los trágicos ataques terroristas en Barcelona y en Cambrils avisan

Los trágicos ataques terroristas en Barcelona y en Cambrils avisan que la guerra continúa. No al estilo convencional de otros tiempos. Pero si con una virulencia, un resentimiento y un odio de primera magnitud. No se trata de alcanzar la victoria sino de aplastar al antagonista. Catón el Viejo poco podría hacer con su delenda Occidente si lo que pretenden estas tropas de ‘’iluminados’’ es imponernos su credo y forma de vida. Hacernos desaparecer. Y con ellos es difícil luchar por los enemigos exteriores e interiores. Pasados los primeros momentos de dolor y rechazo, la indiferencia se apodera del ánimo presionada por una división que nos lleva a callejones sin salida, como señalar que hay muertos de primera y segunda.
Conviene recoser las costuras del traje para encontrarnos bien pertrechados a las muchas batallas conque nos enfrentaremos. Superar la hora de los enanos para dar con el político adecuado, Churchill, De Gaulle, Marshall, De Gasperi, Eisenhower, Adenauer... o, si queremos buscar generosidad y patriotismo referidos a España y la alternancia, el conservador Cánovas y el liberal Sagasta. Todo menos los tipejos carroñeros que pretenden sacar rédito a la tragedia. Cada uno quiere aplastar al otro cual si fueran cucarachas. Son las victorias con alas pero sin cabezas porque no nos llevan a ningún sitio y nos privan de portar la mochila democrática con un ejemplar de la Constitución.
Y contra el ‘’homo homini lupus’’ de estas hienas, que ríen siniestramente sus crímenes, sólo podemos mirar el coraje de Leónidas e imitarlo recordando palabras de Churchill: ‘’El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones’’. De ahí el temple para sobrevivir. El hombre no puede saltar fuera de su sombra y menos catequizarse con el banderín de una guerra santa que ofrece un paraíso de mujeres hermosas.