• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

La pérdida de población

No es nada nuevo que la región gallega siga la cuesta descendente

No es nada nuevo que la región gallega siga la cuesta descendente en cuanto a su pérdida de población; lo llamativo es que nadie ponga remedio para revertir esta situación, que ya no es coyuntural sino anacrónica, y no alcanza solo a los naturales de la región, sino que los foráneos que vienen a quedarse también acaban por irse, al no ver posibilidades de futuro. Galicia necesita priorizar su futuro y este está en manos de nuestros jóvenes, los cuales se marchan a otras latitudes, mientras que los que llegan terminan por tomar el camino de vuelta.
Por citar algunos datos estadísticos en cuanto a extranjeros residentes en Galicia, estos sumaban 222.456 en el año 2012, pero al cierre del ejercicio de 2016 ascendían a; 212.114 personas, de las que 80.614 son de Alemania, Bulgaria, Italia, Polonia, Portugal, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Rumania y Ucrania. También hay 109.680 residentes provenientes del continente americano, de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, la República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Mientras que de Asia, los residentes chinos ocupan un lugar preferente, al estar residiendo 3.113 personas. Todas ellas nacidas en el extranjero, pero con residencia en Galicia. Lo cual quiere decir que entre los años 2012 y 2016 más de diez mil extranjeros abandonaron Galicia por diversos motivos.
Es la misma situación por la que atraviesan los naturales, que en su mayor parte por envejecimiento generacional se van muriendo y los jóvenes que debieran tomar el relevo se marchan en la procura de mayores perspectivas de futuro laboral, al no tener elección en su propia tierra de quedarse debido a que el campo laboral es muy exiguo y carente de oportunidades para desarrollar la vida que haga sentirse útil a la sociedad. La precariedad de los contratos con jornadas extenuantes y salarios muy bajos hace que los jóvenes que están en edad de trabajar se marchen a muy diversos destinos, tanto del propio país como de cualquier otro que tenga atractivo laboral y en donde puedan tener un puesto al acorde con su utilidad para el que se prepararon, e incluso el que no tiene carrera también usa dicha salida para forjarse un puesto y una vida mejor que la que lleva en su tierra, con un contrato de formación por horas y de ahí no sale y encima un salario que en nada cubre sus expectativas de futuro.
Con esa tesitura y pensamiento, Galicia perderá cada vez más población entre los que por su edad abandonan este mundo y los que llegan y no ven sus sueños realizados se vuelven a marchar. A esto hay que añadir los jóvenes naturales que también se suman al abandono de su tierra en pos de un mejor futuro económico y social; a Galicia vuelven de vacaciones cuando pueden para visitar sus mayores, pero no para quedarse. Su futuro está en otros lugares de la recóndita España y también de los países elegidos para conformar el sueño de su vida hecho realidad. O industrializamos Galicia o se quedará yerma de jóvenes.