Ferreiro y La Solana

La Marea que preside Ferreiro tiene la costumbre de llegar tarde a todo. El último episodio, la compra

La Marea que preside Ferreiro tiene la costumbre de llegar tarde a todo. El último episodio, la compra de La Solana, que ha resultado un fiasco para los coruñeses, quienes tampoco se creyeron la imaginativa compra del complejo de ocio por parte de Ferreiro y su equipo. No puede ni debe blandir el despropósito de que la Autoridad Portuaria esconde su mala gestión donde no la hubo. En realidad, el Puerto corrió con los gastos de la urgente necesidad de hacer unas instalaciones que sirviesen de refugio a las naves con problemas en su travesía marítima. Hay que valorar que ha sido un gran acierto, lo que antes era una critica constante.
Quizás la mala gestión sea la de Ferreiro y quiera ocultarla echando las culpas a los demás por su propia indiferencia a la hora de alcanzar objetivos concretos. Si estaba tan interesado en la compra del complejo de La Solana podía haber puesto al día siguiente encima de la mesa su oferta en firme, pero no lo hizo. Es más, el propio alcalde no puso objeción en ningún momento a hacerse con esta parcela, bien por pereza, desconocimiento o por dejar pasar el tiempo para ver si nadie se interesaba por ella y quizás adquirirla en mejores condiciones.
No ha sido así y después de toda la tinta que corrió durante meses acerca de la posible compra por parte del municipio, al final todo ha quedado en aguas de borrajas. Pese a haber alcanzado un acuerdo con la Autoridad Portuaria en el pasado mes de junio para su adquisición por 1,4 millones de euros, en medio de este tiempo, el Puerto recibió una oferta que no admite rechazo en ningún concurso de subasta: adquirir La Solana y el hotel Finisterre por 10 millones de euros. De modo que ahora Ferreiro no puede alarmarse porque otro candidato puje en mejor postura. La solución es superar la puja; no hay otro camino, todo lo demás son cantos de sirena.
De hecho, cuando se enteró de dicha puja decidió recurrir al presidente de la Xunta para hacer valer la posición del Ayuntamiento, pero desde la Presidencia avalan la operación actual del pujador. Los errores de Ferreiro y de su equipo fueron no presentar una oferta económica formal, limitándose en su lugar a presentar un escrito en el que expresaban la voluntad de hacer la compra, que jurídicamente son dos cosas muy diferentes. Parece mentira que Ferreiro no lo sepa, siendo profesor en la Facultad de Derecho.
La inacción terminó en lo segundo y ahora el alcalde se halla confuso y culpa a todo el mundo de sus errores. En economía, el primero en dar el golpe se lleva la presa; el que titubea recoge las migajas, si llega a tiempo y el que deja de actuar se va con los bolsillos vacíos. La venta de La Solana es una puja en toda regla, no una opción de compra con derecho a lo que se subasta. Si no se consolida, no existe obligación alguna y el que se presente con mejor postura es el que tiene derecho a llevársela. Es esencial en estos casos actuar bien y rápido; esto no se hizo y ahora no valen lamentos.