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TIEMPO CAMALEÓNICO

J.A. Martínez Sevilla |
Redacción | Actualizado 07 Marzo 2013 - 00:50 h.
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¡Oh tiempos, oh costumbres! Seguro que Cicerón pensó en nuestra época de corrupción generalizada para decir su famoso aserto. También la ilustre Concepción Arenal lisonjeó el transcurso del tiempo como medio de perfección y lanzamiento femenino. Nosotros observamos ese péndulo inexorable incapaz de detenerlo. Por ello nos sobrecoge y aterroriza su velocidad irreversible. Jamás vuelve. Ni siquiera de vacío. Hasta en el fútbol y otros deportes se habla de dormir el partido y perder los minutos. Incluso los ingleses, haciéndolo su más calificado proverbio, lo identifican con el oro y nuestro refranero popular –repetición constante de hechos– pondera que puede tener un parto difícil, pero no aborta nunca.

Ahora bien, dado el momento vivido, quizá fuera más oportuno romper el caparazón que nos encarcela y a través de una metamorfosis encontrar otra dimensión a tan peliagudo concepto. Tal, por ejemplo, los utilizados por quienes lucharon contra el “apartheid” sudafricano y que nos vienen como anillo al dedo, inspirados en tres términos griegos: “chrónos”, “kairos” y “éschator”. El primero es la concepción cuantificada en horas, días y años. Nada escapa a sus esquemas rígidos. Es absoluto e independiente de los acontecimientos que registra.

“Kairos” entiende el tiempo como cualidad y carácter particular de los acontecimientos. Todo está “en función de”: nacer, morir, sembrar, recoger, odiar, amar etc. Esta concepción incompresible para nosotros llenaba el alma de los pueblos primitivos y las cualidades de sus “acontecimientos”. El “éschaton”, por último, abarcaba unas creencias sobre el más allá y sus imágenes por un mundo nuevo. ¿Será gozoso este tiempo camaleónico? ¿Vendrá la recuperación? ¿Se abrirá la puerta para los brazos sin trabajo?”.