Lluvia de Navidad

El dios de la lluvia llora sobre La Coruña. En cuatro días nuestra tierra sedienta, pozos, ríos, abastecimientos potables y grandes embalses hemos recibido más lluvia que durante todo el otoño. Sin duda el sol dorado es muy bonito para pasear y disfrutarlo, pero cada tiempo tiene su esfera de competencias y lo estábamos pasando muy mal. Todavía sin poder cantar victoria el calendario parece haber corregido errores y su orientación se perfila esperanzadora.
Son días de compras para celebrar la Navidad como se merece. Regalos. Licores. Vinos. Comidas. Fiestas. Toda la familia compartiendo mesa y  mantel, presididos por el “Belén” e iluminados por el árbol anglosajón. También son jornadas para la renovación anual o echarle un vistazo a nuestra literatura. Marchar de romería con Gonzalo de Berceo y repasad los milagros de la Señora. Correr tras Juan Ruiz, arcipreste de Hita, o enredarse con los amores de Calixto y Melibea. Sin olvidar los cantares de gesta nacionales: El Cid, la Celestina, la novela picaresca, el teatro de masas de Lope, el alarido de Calderón, San Juan de la Cruz o Teresa de Ávila…
Buceando libros he topado a  José  Jiménez Lozano y su pintor de Alejandría, que glosa como Don Absalón, cura del lugar, instiga a Juan de las Salinas para que medie con un artista que debe restaurar las deterioradas pinturas de la iglesia castellana. “Mal vamos-santifica agudamente en conversación-si hay más poetas que hortelanos”.
Un finísimo humor mantiene el relato arrancado de nuestro Siglo de Oro. Animales que presumen y hablan. “Perdices que atravesaban el camino e iban bien estiradas, con medias de seda roja”. Y conejos que caminaban despacito y como comentando sus cosas entre ellos…
Presa certera que alcanza siempre el blanco. Deuda de amor satisfecha. Hermosura del idioma y su resonancia universal.