• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Santa Rita

Rita Barberá ha hablado. Y lo ha hecho para defender categóricamente su inocencia. Ha dicho que nunca ha amañado ningún contrato, ni ha contribuido a blanquear dinero.

Rita Barberá ha hablado. Y lo ha hecho para defender categóricamente su inocencia. Ha dicho que nunca ha amañado ningún contrato, ni ha contribuido a blanquear dinero, ni ha ordenado ni ha conocido ningún blanqueo en el Ayuntamiento que gobernó durante 20 años. 
Y como se considera “una persona honrada desde el punto de vista económico y moral”, se ha presentado como víctima indignada de una campaña de la izquierda y de filtraciones de investigaciones que deberían ser secretas y ha dicho que no piensa abandonar su escaño en el Senado. Una institución que, por cierto, no ha pisado en el último mes, aunque cobrará por ello, y en la que permanecerá aunque haya elecciones anticipadas, porque su escaño lo obtuvo por designación del Parlamento valenciano, que también tiene su aquel.
Sigue Barberá la senda marcada por Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del PP, que no ve razón alguna para pedirle responsabilidades políticas a una dirigente de partido que no ha sido aún imputada. Es la manifestación clara de que la actual dirección del PP, por mucho que proclame su eficaz lucha contra la corrupción, no tiene clara la distinción entre la responsabilidad penal y la política.
Porque separar al político corrupto tras una sentencia firme no es voluntad, es obligación legal. De lo que se trata es de apartar de la vida pública a quienes por acción u omisión contribuyeron a que la corrupción echase raíces y prosperase, y a quienes se lucraron de ello, sea en el partido o en las instituciones. Y sorprende que un partido que ha tenido que nombrar una gestora para restaurar el destrozo de la formación en la ciudad de Valencia no vea ninguna responsabilidad política en una exalcaldesa que tiene a casi todos los miembros del ayuntamiento que dirigió imputados por un caso de corrupción. La responsabilidad penal la dilucidarán los tribunales. Pero la política la ha sentenciado hoy la propia Rita Barberá cuando ha reconocido que ni vio ni conoció lo que estaba obligada a ver y conocer por su cargo, para cortarlo de raíz ya que fue incapaz de prevenirlo.