• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Cuando la dura realidad se te echa encima caben dos posibilidades: afrontarla o maquillarla. Esta segunda opción no es exclusiva de la clase política. El PP ha tenido estos días un nuevo baño de realidad. El lunes lo comenzó con la imputación de Juan Cotino en Valencia, con la petición fiscal de cárcel para dos alcaldes y diez concejales de Colmenar Viejo y con la exigencia de la Audiencia Nacional del depósito de una fianza de 1.200.000 euros. Cuando estalló el caso Gürtel, el PP construyó un relato según el cual todo era una especie de complot urdido contra el partido. Después, del “todo es falso” pasaron a la proclamación de Rajoy de “todo es falso salvo algunas cosas”. Y ante la acumulación de casos de corrupción el relato oficial del partido hablaba de una suma de casos aislados, como si fueran hilillos de plastilina corrupta y no chapapote.
Esta semana, el PP ha vuelto a desenterrar esos argumentos. Y es especialmente grave que personas con responsabilidad de gobierno pongan bajo sospecha la actuación de jueces y policías. Pero lo más sorprendente lo ha dicho Sáenz de Santamaría al afirmar, “para tranquilizar a los ciudadanos”, que está garantizado que el PP pagará la fianza porque, igual que otros partidos y sindicatos, buena parte de su financiación proviene de los Presupuestos del Estado. Es decir, que la fianza del PP como responsable subsidiario de un presunto delito de corrupción la abonaremos a escote todos los ciudadanos subsidiariamente.
No es mentira lo que dice la vicepresidenta, pero ofende que nos lo restriegue en este justo momento en que estamos haciendo cuentas con Hacienda. Como ofende que la baronesa Thyssen proclame que “ser rico es difícil”, en un país en el que uno de cada tres ciudadanos, según el Instituto Nacional de Estadística, roza el umbral de la pobreza.