• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Un país para defender

soplan vientos tan negativos en la política que parece que España es un desastre.

soplan vientos tan negativos en la política que parece que España es un desastre. Y seguramente a ello contribuimos los que escribimos en los periódicos o hablan en la radio, aunque esta voz sea mucho más moderada que los que intervienen en las tertulias de televisión, donde casi siempre importa solo el espectáculo y donde los extremos juegan un papel de estrellas invitadas y preferentes.
Pero España es más que la corrupción y las disputas partidistas, incluso que el desempleo que soportamos. España es el país cuya economía crece más en Europa y más que otros países mucho más potentes, incluido EEUU, o economías emergentes como Brasil. Nuestra sanidad es un lujo por la calidad de las instalaciones y de los profesionales que la prestan. La educación tiene que mejorar, pero llega a todos y las oportunidades de acceder a la universidad son infinitamente mayores que en la mayor parte de los países con los que nos comparamos. Tenemos unas autovías y unas comunicaciones por AVE mejores que las de los países de nuestro entorno. Nuestro sistema democrático tiene cosas que mejorar, pero nos ha dado los mejores cuarenta años de nuestra historia en los dos últimos siglos y una libertad y una estabilidad que nos han permitido ser ciudadanos y no súbditos. Las familias han sido el colchón de la crisis y siguen siendo un elemento sustancial de la sociedad. Los españoles son solidarios, tolerantes, respetuosos, integradores, creativos. Cuando hemos trabajado juntos, con el apoyo de la ley, pero sobre todo de la voluntad general, hemos sido capaces de acabar con el peor de los terrorismos, ETA. Con la ley y con la unidad. Tenemos grandes científicos, a pesar de la falta de inversión, grandes artistas, grandes escritores, fantásticos deportistas. Muy por encima de nuestro tamaño y hasta de nuestra inversión. Y no han surgido los movimientos extremistas que amenazan media Europa ni hay barrios marginales y marginados al lado de las grandes ciudades. Formamos parte de Europa, circulamos por todas sus naciones, con una moneda única y unas reglas de juego que dan seguridad y estabilidad. Incluso con sus muchos defectos.
Somos un país moderno y aunque algunos políticos y casi todos los partidos políticos no den la talla, podríamos tener un presidente como Trump, con sus cien días de ineptitud y de amenazas, o una candidata a la presidencia como Marine Le Pen y todo lo que supone. Sufrir el terrorismo como lo sufren países como Egipto, donde el papa Francisco acaba de dejar claro que no es la religión la culpable de la violencia, sino el fanatismo permitido. Tener el lamentable récord de ser el país con más ejecuciones del mundo, como Irán. O tener 17.000 sindicatos como en Brasil, un país rico donde la miseria convive con el despilfarro. O la India, donde se sigue permitiendo la existencia de las castas, aquí sí. Podíamos ser la Rusia de Putin, donde el comunismo ha sido sustituido por otro poder absoluto. Más vale que trabajemos juntos para mantener lo que somos y lo que tenemos, lo que hemos construido entre todos, para preservar la libertad y el sistema que nos ha hecho un gran país.