• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

El pacto, ¿posible?

Las negociaciones para formar gobierno acaban de empezar y, por tanto, es pronto para adivinar cuál va a ser el final. Sí hay cuestiones que parecen claras: Rajoy quiere formar gobierno y gobernar en minoría con apoyos en la investidura (del PSOE) y acuerdos puntuales (con quien sea). Para conservar su poder está dispuesto a hacer lo que no ha hecho en cuatro años: dialogar y acordar.
Rajoy y Sánchez no se entienden y es difícil que puedan pactar algo. Sánchez sabe que la única opción de sobrevivir en política es formar un gobierno imposible: con su principal enemigo, Podemos, con los nacionalistas, con ERC y con quien se deje. En el PP hay voces importantes que desearían que Rajoy se fuera a casa y en el PSOE algunos temen que Pedro Sánchez acabe con el partido.
Pablo Iglesias no tiene prisa: si Sánchez acepta sus condiciones y firman un pacto de gobierno, no sólo tocará poder sino que acabará fagocitando al PSOE. Y si la situación y el PSOE se deterioran, los votantes de izquierda pueden auparle, en unas nuevas elecciones, al liderazgo de la izquierda.
Ciudadanos ofrece un acuerdo a tres con el PSOE y el PP. Y espera. Como esperan también los problemas que hay que solucionar sí o sí, en los próximos meses si no queremos que se frene la recuperación económica y que los nacionalistas, en manos de la CUP, se aprovechen de la debilidad de las instituciones.
Vistas así las cosas, y mientras siguen las conversaciones, se constituyen las Cortes e inicia el rey su ronda de consultas, tal vez haya que pedir grandeza de miras a los líderes de los dos grandes partidos para que pongan su cabeza a disposición de un pacto posible. Un pacto entre el PP y el PSOE, con mayoría absoluta para afrontar las grandes reformas pendientes –lucha contra la corrupción, ley electoral, reforma de la Administración, pactos por la educación y la Justicia, garantías de la unidad de España y la igualdad entre los españoles, vivan donde vivan, y poco más– en un plazo concreto de tiempo y, tras esas reformas, volver a la contienda electoral, tal vez con un programa pactado de reforma constitucional.
Si a ese pacto se suma Ciudadanos, entrando en el Gobierno o apoyándolo desde fuera, tanto mejor. La voz de Albert Rivera, pese al fiasco electoral –buenos resultados, pero no los esperados– parece ser una de las pocas que trae sentido común a los debates y propuestas para encontrar salida a los caminos que parecen no tenerlas. Es tiempo de “finezza” y de hombres de Estado. La historia reciente no permite ser optimistas, pero hay que dar oportunidades a los políticos para que recuperen la confianza de los ciudadanos y pongan la primera piedra de la regeneración que España necesita urgentemente.