• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Misioneros por el mundo

El domingo se celebra el Domund. En el lugar más remoto que imaginen –cuanto más lejano, más pobre o más desfavorecido, mejor–hay un misionero

El domingo se celebra el Domund. En el lugar más remoto que imaginen –cuanto más lejano, más pobre o más desfavorecido, mejor–hay un misionero. Y muy probablemente un misionero español. Son casi 13.000 y están en América, sobre todo, pero también en África, en Asia, en Oceanía y en Europa. También aquí la mujer está en vanguardia. El 50 por ciento son religiosas frente a un 34 por ciento de religiosos, casi un 8 por ciento de sacerdotes y un porcentaje muy similar de laicos. Y hay casi tantos obispos activos en tierra de misión (73 activos y 31eméritos) como en las diócesis españolas (82 en activo y 34 eméritos). Son obispos pastores, con olor a oveja como pedía el papa Francisco, que lo mismo acogen a musulmanes en riesgo que se enfrentan a los poderes políticos y económicos en países de Hispanoamérica o conviven con una creciente islamización.

Misioneros y obispos que son pueblo con el pueblo de Dios, que han dejado su vida en esa tierra de misión, evangelizando y siendo voz de los sin voz, brazos de acogida para las personas de otros credos, refugio para todos, sin distinción de sexo, credo o raza. Pero siempre con los más pobres de los pobres del mundo, construyendo escuelas para dar una oportunidad a los que no tienen ninguna; hospitales para curar a los enfermos allí donde la sanidad pública o privada es lastimosa o no llega; agua y electricidad para poder sobrevivir, para ver una salida a la miseria y a la explotación; evangelizando desde la alegría y el compromiso de compartir lo poco que se tiene. Nadie como ellos vive la fe, el mensaje de Cristo, el mandato de “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, la renuncia a casi todo, la solidaridad desde el minuto uno, la integración con los otros, los diferentes, los desatendidos, los olvidados.

Aprenden más de lo que enseñan. Se confunden con la gente. El año pasado el pregón de este Día de las Misiones lo hizo Pilar Rahola. Un pregón espectacular, aunque pocos lo esperaran. Este año lo ha hecho Luz Casal. También un grito de realismo y una llamada a las conciencias de los que hemos aprendido “a convivir con la injusticia y la desigualdad sin apenas advertirlas... haciendo la costra cada día más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de una pobreza que nos humilla”.

El estribillo de su pregón, como cualquier de sus canciones, decía que “la belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo y el amor lo salva”. Luz dice que “hoy nos cuesta pronunciar palabras como caridad” y que los misioneros aportan “dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado cuando no aniquilado” y que “en su viaje al infierno alcanzan el cielo”. Como dice Javier Cercas de su madre, los misioneros también “habitan todavía en un mundo con Dios”. Por eso hay que apoyarles moral y económicamente. Ellos salvan la imagen de un mundo en el que la riqueza es muchas veces miseria moral, la conciencia se ha aparcado en el garaje de la indiferencia y la solidaridad con los más desfavorecidos es sólo una mueca para engañar a los hombres de buena voluntad. Misioneros españoles, héroes anónimos, testigos de Dios, el mejor espejo de una Iglesia que debería estar siempre en permanente estado de misión.