• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

GATES Y ZUCKERBERG, EL EJEMPLO

Marck Zuckerberg, 31 años, creador de Facebook, ha anunciado, con motivo del nacimiento de su primera hija, que donará a lo largo de su vida para causas sociales y educativas, el 99% de sus acciones en la compañía, valoradas en 45.000 millones de dólares. Dice que con el 1%, 450 millones, puede vivir sin problemas toda su vida. Bill Gates, el cofundador de Microsoft, entregó hace años 38.000 millones, la mitad de su fortuna, a la Fundación Bill y Melinda Gates, convirtiéndola en la fundación privada de caridad más importante del mundo. Su trabajo en el combate contra el sida, la vacunación de niños, la erradicación de la polio, la educación, el apoyo a agricultores y ganaderos y otras acciones en EEUU y en más de cien países revelan una visión de la sociedad a la que no estamos acostumbrados.
Los cementerios están más llenos de pobres que de ricos, pero todos los ricos que han muerto están allí y el dinero ya no les diferencia ni les es útil. Mientras muchos empresarios sólo piensan en hacer crecer sus fortunas que, en la mayoría de los casos, acaban en disputas y rupturas familiares, Gates y Zuckerberg, los dos católicos, demuestran que se pueden hacer otras cosas con lo ganado legítimamente y que ese dinero puede servir para cambiar el futuro de muchas generaciones. Seguramente solo debería servir para eso, para dar oportunidades a los que no las tienen. Alguno de los que reciban la ayuda de Gates y de Zuckerberg acabará creando grandes empresas y bienes que ayuden a mejorar la vida de los ciudadanos.
Lo de estos dos empresarios no es normal, pero en Estados Unidos es frecuente que los que triunfan acaben invirtiendo dinero en fundaciones o en las universidades donde estudiaron. Por supuesto que esas aportaciones gozan de desgravaciones fiscales y que ayudan a pagar menos impuestos. Siempre será mejor para todos que alguien done 45.000 millones de dólares, y se ahorre los que sea, a que pague 5.000 o 10.000 y se guarde el resto para su disfrute exclusivo.
En España nos falta esa cultura y son pocos los ricos que ponen su dinero al servicio de causas sociales o educativas. Lo han hecho Emilio Botín, en el mundo universitario y cultural, y Amancio Ortega con Cáritas y otros fines sociales. Aquí criticamos a los que ganan dinero y también a los que gastan una parte en solidaridad. La envidia sigue siendo nuestro pecado. Hasta los más jóvenes quieren que el Estado le solucione todo sin hacer nada y los políticos son expertos en derrochar el dinero público. Tenía razón Kennedy cuando decía que no nos preguntáramos qué puede hacer nuestro país por nosotros, sino qué puedo hacer yo por mi país. O por el bienestar de la humanidad. Algunos, además de crear riqueza, reparten beneficios. Puede que sea escandaloso que alguien ganase 45.000 millones a los 31 años, pero debería escandalizarnos más que lo reparta y que algunos le critiquen.