• Martes, 24 de Octubre de 2017

¿España va bien?

Los expertos aseguran que 2017 es el mejor año, económicamente hablando, de la década y los organismos nacionales e internacionales suben los pronósticos sobre el crecimiento de España.

Los expertos aseguran que 2017 es el mejor año, económicamente hablando, de la década y los organismos nacionales e internacionales suben los pronósticos sobre el crecimiento de España. Las exportaciones marchan y el consumo interior también. Basta darse una vuelta un fin de semana por cualquier zona de España para ver los bares y los restaurantes llenos y las carreteras “petadas” de coches. No hemos superado la crisis, dicen otros, pero o las cosas están muy mal repartidas –y yo creo que es así, que la desigualdad crece en lugar de disminuir–, o muchos españoles empiezan de nuevo a no ahorrar y a vivir por encima de sus posibilidades. En todo caso, mejora el empleo, aunque sea precario, retorna la construcción, crece el número de hipotecas y se venden más automóviles, indicadores todos que pronostican un futuro inmediato positivo. Hemos mejorado bastante y quien lo niegue no dice la verdad. Pero seguimos sin hacer las reformas necesarias en educación o en justicia, sin aumentar el tejido empresarial, sin atraer las necesarias inversiones extranjeras y, sobre todo, sin hincar el diente a las pensiones o a la fiscalidad, que exigen soluciones imaginativas que no pasen por endeudarse o por recortar algo que no es precisamente elevado ni garantiza mantener el nivel de vida que se tuvo mientras se trabajaba.
No es oro todo lo que reluce. El Parlamento está muerto por la debilidad del PP y por la labor poco inteligente de la oposición. El PSOE y, sobre todo, Podemos tienen un solo objetivo, que repiten incansablemente y que no es mejorar la situación de los españoles sino echar al PP de las instituciones. Esa les parece la solución a todos nuestros males. Si pudieran lo echaban también de España. Al partido y a los que les votaron. Es una obsesión que no les aporta votos –yo, al menos preferiría que me dijeran qué políticas harían o cómo mejorar todo lo que está mal– y que, sin embargo, les impide forzar al PP a gobernar “vigiladamente”, a hacer cambios consensuados –también con Ciudadanos– y a fijar políticas que puedan durar por encima de una legislatura. El PSOE y Podemos quieren echar al PP, aunque no pueden, y ahí pierden muchas fuerzas. Unos siguen pensando quiénes son y, sobre todo, qué quieren ser “de mayores” y otros todavía no han salido del marxismo-leninismo universitario de salón.
Y, además, hay datos preocupantes. La mitad de los parados sobrepasa los 40 años por primera vez, lo que significa que, seguramente, una gran parte de ellos ni trabajará de forma estable antes de jubilarse ni, por tanto, cotizará para alcanzar una pensión de jubilación, aunque sea menguante. Van a pasar, como ha escrito alguien, de jóvenes precarios a pensionistas pobres en una sociedad envejecida.
Hay que llegar a acuerdos serios y de fondo porque la mejora económica, el “España va bien” que diría Aznar –ahora dudo que lo dijera– se puede romper fácilmente si quiebra la estabilidad política o económica. Y hay motivos para pensar que eso puede pasar. El trabajo del futuro –con la amenaza añadida de la robotización, que puede ser una oportunidad–no se improvisa. Y las soluciones, que no pueden ser de partido sino de Estado, tampoco.