• Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Despedir a Maduro ya

Decía Orwell que “no se establece una dictadura para salvaguardar la revolución, se hace la revolución para establecer una dictadura”. Venezuela, 2017.

Decía Orwell que “no se establece una dictadura para salvaguardar la revolución, se hace la revolución para establecer una dictadura”. Venezuela, 2017. Más de 100 muertos en las últimas semanas, más de 5.000 detenidos, líderes opositores secuestrados y encerrados en las cárceles de la dictadura junto con centenares de presos políticos, desabastecimiento y carencia de los alimentos más básicos, miedo al dictador, confusión de poderes, una Justicia al servicio de la represión, violencia en las calles como única forma de protesta ante unas elecciones constituyentes fraudulentas... Y al frente de todo esto un dictador que trata de sobrevivir, aunque seguramente ya sabe que sus días al frente de Venezuela están contados. Ya veremos si le acogen en la Cuba castrista, como pago a los servicios prestados o tiene que pagar por sus desmanes como sería de justicia. De momento, como el animal que sabe que está acorralado, está haciendo todo el daño posible.
Maduro es otro de los símbolos del viejo socialismo que mueren derrotados por su propia incapacidad para dar hoy una respuesta los problemas fundamentales de los ciudadanos: la libertad, la democracia y el bienestar. Venezuela no es hoy una democracia -tampoco lo fue con Chávez, un iluminado al que Maduro no le llega a la suela de los zapatos aunque se crea su reencarnación- y está gobernando contra su pueblo, contra una sociedad que ha decidido poner freno definitivo a la represión, aunque tenga que pagar un alto precio. Decía Jardiel Poncela que una dictadura “es un sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”. Maduro quiere un pueblo amordazado, sin libertades y con todo el que opina de otra manera en la cárcel. Si le dejamos, lo hará.
Es hora ya de que la comunidad internacional, la Unión Europea, España también, actúen sin reparos. No se puede consentir más el sufrimiento de los venezolanos. En 2012, cuando Maduro llegó al poder, España recibió 28 solicitudes de asilo de venezolanos. Entre 2016 y lo que va de 2017, las solicitudes son casi 7.000. Una cuarta parte de las peticiones de asilo en España son de venezolanos. Más que las de sirios y prácticamente sin respuesta del Gobierno español. Desde la llegada de Hugo Chávez el número de venezolanos residentes en España ha pasado de 46.000 a 200.000. Los datos hablan por sí solos. 
Es inaudito que todavía un partido como Podemos no haya sido capaz de reprobar la represión de Maduro y ponerse del lado de los ciudadanos. Prefiere al dictador, defiende las cárceles para los opositores. Es su modelo. Se necesita oír la voz de Rodríguez Zapatero, mediador fracasado con el Gobierno venezolano, exigiendo a Maduro la libertad de todos los presos políticos. Se necesita la voz unida de todos los partidos democráticos españoles exigiendo la marcha de Maduro, elecciones libres y libertad para todos. Son los últimos días de Maduro. Alberto Moravia dijo que “una dictadura es un Estado en el que todos temen a uno y uno teme a todos”. Maduro debe temer a los demócratas de todo el mundo y los ciudadanos venezolanos no deben tener miedo a nada ni a nadie.