• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Sin ambición no se puede hacer nada ni se puede crecer 

Sin ambición no se puede hacer nada ni se puede crecer personal o profesionalmente, pero la ambición te puede llevar a las simas más oscuras si en la carrera hacia no se sabe dónde, pero más lejos y más arriba, lo que espera es el fracaso, la desolación. Alguien dijo que para reptar y para escalar un muro se adopta la misma posición. El problema es saber si tu objetivo es horizontal o vertical. En política no se puede llegar a ninguna parte sin una legítima ambición y esa debería ser siempre la de construir un mundo mejor. Cuando lo que nos rodea habla de millones de personas desplazadas de sus hogares, sin trabajo o sin agua, sabemos que alguna ambición sólo puede conducirnos hacia una tierra peor.
Pero no es igual en todas partes. Aquí, en España el principal objetivo es construir “un gobierno de progreso y de cambio” que eche, de una vez, al Partido Popular de ese poder que ha ejercido de manera tan desmedida, tan soberbia, para dividir a los españoles y para dar más a los que más tienen y quitárselo a los que no tienen nada. Eso es lo que dicen muchos y lo que muchos se creen. El PP ha hecho muchas cosas mal, pero bastaría que nos devolvieran unos días a cómo estábamos cuando gobernaban los que le precedieron para saber de dónde venimos y adónde íbamos y quien volvió a engendrar división entre españoles. También podríamos mirar con cierto detalle los modelos a los que algunos nos quieren conducir para salir corriendo y no parar.
Pero lo que importa, por lo que vemos a los políticos de uno y otro lado, es simplemente conseguir el poder al precio que sea. Esa ambición desmedida por desalojar de él a los que lo tienen, aunque sea en funciones, encierra algún riesgo. Decía Oscar Wilde que la ambición “es el último refugio del fracaso” y Canetti añadía que es “la muerte del pensamiento”. El nuestro actual, no sólo el español, es un mundo de fracaso, de ambición y de pensamiento único. Y de una cierta estupidez. En Andalucía van a prohibir oficialmente hablar de “alumnos”, para referirse sólo a la “población escolar”. No hay peor ambición que la de la estupidez.
Un catedrático de Teoría Económica, Carlos Sebastián, ha declarado que “con instituciones como las suecas, España progresaría como Suecia”. Sobre todo si en vez de españoles, fuéramos suecos. Si tuviéramos políticos como los suecos, a lo mejor también progresábamos como Suecia. Pero tenemos lo que tenemos, aunque los políticos no son muy diferentes a usted y a mí. Si acaso, frente a nuestro deseo de que nos dejen vivir en libertad, ellos tienen la voluntad de organizar nuestras vidas desde su ideología, como si nosotros no fuéramos capaces de pensar por nosotros mismos. Decía Séneca que “una esperanza reaviva otra esperanza; una ambición, otra ambición”. Aquí la ambición de Sánchez reaviva la de Iglesias, la de éste enciende la de Rivera y la de todos ellos va poniendo a hervir la de Rajoy. Siempre que a este le hierva la sangre, claro. Y esas ambiciones nos pueden acabar llevando a la desolación.