• Martes, 17 de Octubre de 2017

Una izquierda patética

apenas ha dado sus primeros pasos y el “nuevo” PSOE

apenas ha dado sus primeros pasos y el “nuevo” PSOE de Pedro Sánchez va camino de tropezar en algunos de los errores que llevaron a Zapatero a caer en la trampa de lo políticamente correcto creando expectativas políticas imposibles en Cataluña. Tal sería el caso de la proclamación de España como un pretendido Estado “plurinacional” en abierta contradicción con lo expresado por nuestra vigente Constitución. La confusión va camino de ser marca de la casa. Cristina Narbona, presidenta del partido, durante unas horas se cubrió de gloria tras anunciar vía twit que el PSOE votaría “no” al CETA (Tratado de la UE con Canadá). Duró poco el jubileo. Fue desautorizada tras el encuentro entre Sánchez y el comisario europeo Pierre Moscovici. Orden más contra orden igual a desorden. “Somos el ejército de Pancho Villa” comentaba un diputado socialista veterano reconociendo que estos primeros compases de la nueva dirección dejan en el aire el aroma de la improvisación.
Palabras dichas por cierto antes de saberse que varios alcaldes y tenientes de alcaldes socialistas de ciudades catalanas (Tarrasa, Blanes, Gerona) se declaraban partidarios de apoyar las celebración del referéndum ilegal que promueve el Gobierno de la “Generalitat”. Algunos, por cierto, catalanistas asimilados dada su condición de hijos de emigrantes. En esa tragedia que con licencia de Ètienne de La Boétie supone lo que podríamos llamar un discurso de servidumbre voluntaria se dan cita, como digo, hijos de emigrantes que llegaron a Cataluña en los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Gabriel Rufián el “Coluche” de ERC no está solo.
Abundan los abducidos que pese a proclamarse de izquierdas han interiorizado el discurso del sector más reaccionario de la burguesía catalana que defiende pretendido valores identitarios superiores. Cualquiera que haya conocido lo que fue la Cataluña de la Transición cuando los partidos de clase, sobre todos ellos el PSUC, pero también el PSC eran la vanguardia en la defensa de las clases trabajadoras y compare aquél compromiso con el que hoy proclaman las formaciones catalanas que se dicen de izquierdas llegará a una penosa conclusión: han dejado de ser protagonistas de la vida política para ser simples comparsas. Abducidos y asimilados al nacionalismo. Comparsas de un proceso separatista que prima la identidad nacional sobre la justicia social. Patético.