• Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Recuperar la normalidad

La vida enseña que todo exceso conduce a su contrario.

La vida enseña que todo exceso conduce a su contrario. También en la política. Lo ocurrido en Cataluña es un ejemplo. Mal ejemplo. Un conjunto de políticos refractarios a los derechos y deberes que entraña el juego democrático urdieron un plan para saltarse la ley desobedeciendo las sentencias de los tribunales –incluido el Constitucional– y ningunear a los partidos que se oponían a la segregación de Cataluña.
¿Qué ocurrió después? Que tras la aplicación del artículo 155 el Gobierno disolvió el Parlamento sedicioso, destituyó a los miembros del Govern y restauró la legalidad convocando elecciones autonómicas.
A partir de ahí, con un ojo puesto en las encuestas que avizoran un resultado muy fragmentado, en el bloque de los separatistas se empiezan a oír voces pidiendo árnica. Algunas tan cínicas como para negar que el procés fuera un intento unilateral de proclamar la independencia. Otras deslizando el mensaje de que “no puede haber venganza”. Llaman así quienes trasgredieron la ley a que caso de ser condenados por los tribunales tuvieran que cumplir las penas correspondientes. Como si urdir un plan sedicioso para acabar con la unidad de España hubiera sido un juego.
En ese discurso los separatistas que han perdido el pulso con el Estado alientan la idea de que los comicios del 21 de diciembre pueden ser su Jordán. Vamos que si algunos de los conspiradores resultaran elegidos diputados al Parlament, pues, pelillos a la mar.
Como si nada hubiera pasado. Y después del 21-D, vuelta a empezar en su desleal tarea de topos socavando la unidad de España que es pilar fundamental de nuestra Constitución. En nuestro país cualquier ciudadano y por extensión cualquier partido puede ser independentista. La ley lo permite. Lo que no ampara la ley es saltarse el ordenamiento constitucional, incumplir las sentencias de los tribunales y pretender que quien así actuó en el pasado pueda seguir haciéndolo en el futuro. De los catalanes convocados a las urnas depende que Cataluña recupere la normalidad democrática. O apostar por el seny o volver a la rauxa.