• Martes, 24 de Octubre de 2017

Hay que mojarse

Una parte de los votantes de izquierdas no tardará en darse cuenta

Una parte de los votantes de izquierdas no tardará en darse cuenta del error que cometió al renovar su apoyo a Pablo Iglesias pese a que cumpliendo instrucciones suyas en 2016 Podemos impidió la llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno. Parte de los males que ahora denuncia Podemos proceden de aquella traición. Pero en ese partido se han impuesto tratar aquel episodio como si no hubiera existido. Amnesia total.
Borrón para no tener que reconocer que con Errejón al frente de Podemos Rajoy no sería el inquilino de La Moncloa. Quien prorrogó el contrato al jefe de los populares fue Iglesias. En público nadie de Podemos admite que el narcisismo de Iglesias y su ambición de liderar a la izquierda frustró la ocasión de desalojar a la derecha del poder.
Los hechos son tenaces y todo lo que se diga o escriba para analizar las futuras relaciones entre el PSOE y Podemos debe partir de la constatación de que los objetivos de ambos partidos son diferentes. Para Sánchez, la meta es alcanzar La Moncloa. Solo o en unión de otros. En cambio, la estrategia de Iglesias es hacerse con la primacía de la izquierda como fase previa para llegar al poder en la idea de intentar el “asalto a los cielos”.
Ahora Iglesias envenena los sueños de Sánchez alentando una “joint venture” en la que el fundamento contractual es echar a Rajoy, aunque no pasa de ser un juego virtual. El Gobierno tiene aprobados los Presupuestos del 2017, medio apalabrados los del 18 y socios amarrados para frenar cualquier moción de censura.
¿Por qué entonces pese a esa evidencia Sánchez juega a dejarse querer por Podemos sabiendo que Iglesias no es fiable? Porque navega entre Scyla y Caribdis pero sin atreverse a ser Ulises. Vive instalado en la duda. La que le lleva a la contradicción. La última en relación con el proceso separatista. Tras proclamar que apoyaría al Gobierno frente a la convocatoria de un referéndum, días después, volvió a la equidistancia criticando el control del gasto de la Generalitat por el Gobierno. Por ahí va mal. En este asunto no hay equidistancia posible. Hay que mojarse.