• Domingo, 20 de Agosto de 2017

El fin de la farsa

Todavía hay jueces en España. Las presuntas irregularidades cometidas en la salida a Bolsa de Bankia

Todavía hay jueces en España. Las presuntas irregularidades cometidas en la salida a Bolsa de Bankia van a ser investigadas. Por decisión de la Audiencia Nacional van a ser imputados los máximos responsables de los dos organismos encargados del control del sistema bancario: el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores. La imputación del exgobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez, junto a varios de sus colaboradores en la cúpula del banco, y la del expresidente de la CNMV Julio Segura en relación con la salida a Bolsa de Bankia nos ha devuelto el olor acre de los días en los que quienes regían los destinos de nuestro país se sabían intocables. Actuaban por encima de las leyes y a salvo de control de sus actos.
En plena crisis, cuando Rato fue nombrado presidente de Caja Madrid, los medios daban cuenta de la batalla en el PP madrileño entre Esperanza Aguirre, presidenta de la CAM, y Ruiz-Gallardón, el alcalde de la capital. Aguirre quería la presidencia de Caja Madrid para Ignacio González, su delfín. Gallardón y Rajoy acabaron imponiendo a Rato con el beneplácito del presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Rato sustituía a Blesa, que había sido nombrado por Aznar. Hoy sabemos que durante los 16 años que Blesa estuvo al frente de Caja Madrid la entidad pasó de la solvencia a las puertas de la quiebra.
Pese a ello, al recoger el testigo, Rato proclamó que “Caja Madrid está preparada para hacer frente a los retos derivados del complejo entorno económico, así como para aprovechar las oportunidades que se derivan del mismo”. Blesa le legó una casa en ruinas. Después vino la salida a Bolsa a sabiendas de que la entidad estaba quebrada. Más tarde el hundimiento. Y posteriormente, el rescate. Oficialmente: 22.429 millones. Más del doble (46.000) según los peritos del Banco de España. Los mismos que califican la salida a Bolsa de Bankia como “una farsa de Rato y su equipo con la colaboración de la auditora Deloitte y los órganos supervisores”. La actuación de quienes estaban al frente de esos órganos supervisores es la que, por fin, está en manos del juez.