• Martes, 17 de Octubre de 2017

En qué manos estábamos

Recuerdo bien el día (28 de abril de 1996) en el que rodeados

Recuerdo bien el día (28 de abril de 1996) en el que rodeados de una abigarrada tropa de curiosos que pugnaba por rebasar el cordón policial llegaban al barcelonés hotel Majestic los protagonistas del episodio cumbre del momento: el pacto político que convertiría poco después a José María Aznar en presidente del Gobierno de España. Oficiaba de anfitrión Jordi Pujol, a la sazón presidente de la “Generalitat” .
Al futuro presidente de España le acompañaba Rodrigo Rato, el artífice del pacto llamado a ser vicepresidente y todopoderoso ministro de Economía durante los siguientes ocho años.
De aquel pacto el PP obtuvo la palanca para asentar su poder en el territorio nacional y Pujol para poner en marcha la Ley de Política Lingüística (1998), un instrumento de ingeniería política ideado para asentar la hegemonía del catalán sobre el castellano. En aquella ley la incubadora del separatismo encontró condiciones óptimas de temperatura y difusión. En cierto modo aquel pacto fue un artefacto cuyos efectos retardados estaban destinados a cambiar el futuro político de nuestro país.
El PP en el Gobierno obtuvo réditos políticos suficientes como para conseguir la mayoría absoluta cuatro años después aunque al final de su mandato, en la cumbre de su ceguera de poder, Aznar arruinó todo aquel capital político metiendo a España en la guerra de Irak, lo que llevó a su partido a perder las elecciones. Por su parte, Pujol, adquirió la definitiva condición de intocable que permitió a su núcleo familiar plena impunidad en sus negocios dudosos y a su partido (CDC), consolidar la mordida del 3%. Hoy, con el andar del tiempo, Rodrigo Rato y Jordi Pujol, dos de los grandes protagonistas de aquel pacto que cambió España viven rodeados de oprobio.
El primero está condenado a cuatro años y seis meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida (tarjetas “black”) y se sentará de nuevo en el banquillo imputado por delitos de falsedad y fraude. Y Jordi Pujol, defraudador al Fisco durante más de veinte años, está siendo investigado como integrante de una presunta “organización criminal” que, según el informe que obra en poder de la Fiscalía, “se coordinó para repartirse desde 1990 y de forma continuada diversas cantidades de dinero de dudosa procedencia”. Recordar en qué manos hemos estado, conduce a la melancolía.