• Domingo, 17 de Diciembre de 2017

El despertar del león

Los tiempos cambian. Y con ellos la percepción que las personas tienen de las cosas. La sociedad, los ciudadanos, suelen ir por delante de las leyes. De ley es el Cupo vasco (está en la Constitución) y durante muchos años fueron pocas la voces que se dejaron oír en su contra.

Los tiempos cambian. Y con ellos la percepción que las personas tienen de las cosas. La sociedad, los ciudadanos, suelen ir por delante de las leyes. De ley es el Cupo vasco (está en la Constitución) y durante muchos años fueron pocas la voces que se dejaron oír en su contra.
Una ley electoral diseñada para primar el voto y, como consecuencia, la representación parlamentaria de los partidos (nacionalistas) que operan en el ámbito de una sola comunidad autónoma aseguraba la perfecta combinación para perpetuar las ventajas de dicha rareza histórica mediante unos votos que se ofrecían para apuntalar al partido gobernante de turno (en tiempos fue el PSOE, después el PP) cuando González, Aznar o en nuestros días, Rajoy, no gozaban de mayoría en el Congreso.
El PNV prestaba sus votos en el hemiciclo para, pongamos por caso, sacar adelante los Presupuestos y, a cambio, el Ejecutivo se mostraba generoso a la hora de calcular la cantidad que el País Vasco pagaba al Estado por los servicios que este presta por las competencias no transferidas. Y así, durante los últimos cuarenta años.
Al principio de la Transición, cuando se negociaba la Constitución, Pujol rechazó la fórmula del Cupo para Cataluña. Por aquel entonces Convergencia se definía como un partido socialdemócrata. Con el paso del tiempo cambiaron de idea y es comúnmente admitido que Mas habría intentado pactar con Rajoy un concierto fiscal similar al Cupo vasco a cambio –se dijo entonces– de no echarse al monte con los secesionistas de ERC.
Después pasó lo que sabemos. Los excesos del “procés” (congelado tras la aplicación del artículo 155), han generado una potente reacción en el resto de España entre muchos ciudadanos que no eran nacionalistas españoles.
Ese núcleo que desborda el círculo de seguidores y votantes de Ciudadanos ha encontrado en Albert Rivera un tribuno fogoso que defiende la eliminación del Cupo vasco y se niega a negociar futuras prebendas para Cataluña. Los excesos y mentiras de los dirigentes separatistas catalanes han despertado a un león que llevaba años dormido. No es para tomárselo a broma.