• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

La crisis de Ciudadanos

La opinión pública es tornadiza. Y contradictoria. Los estudios demoscópicos

La opinión pública es tornadiza. Y contradictoria. Los estudios demoscópicos que sitúan a Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, como el político mejor valorado, reflejan el estancamiento de su partido en expectativa de voto. El fenómeno es conocido. Lo sufrió Adolfo Suárez. “No me quieran tanto y vótenme más”, sentenció con amargura el expresidente al constatar el naufragio del CDS, el partido que fundó tras la desaparición de la UCD. Seguramente, la imagen de nave varada y en crisis que transmite Ciudadanos tiene que ver con la reacción y decepción de una parte de sus votantes ante la estrategia de Rivera frente al Gobierno del PP.
Tras apostar fuerte por la investidura de Rajoy, ahora que el inquilino de La Moncloa parece estar más a gusto con el PSOE como pareja, Ciudadanos comparece aherrojado, cautivo de sus contradicciones. Por una parte, apoya el techo de gasto, por otra dice que también lo harácon los Presupuestos, pero que no está por la subida de impuestos. Rajoy se diría que disfruta ninguneando al joven tribuno del partido naranja. Y en Ciudadanos se escuchan voces que se preguntan si mereció la pena quemarse apoyando al PP pese a tantas filípicas contra la corrupción de los populares. Rivera destaca por su tendencia al pacto, a defender una visión conciliadora frente a la generalizada práctica de los partidos atenta a sus intereses.
Eso le llevó primero a asumir con entusiasmo el papel de celestina en la fallida operación para lograr la investidura de Pedro Sánchez y después, a repetir, esta vez con éxito, el apoyo a la elección de Rajoy. Y fue entonces cuando afloró la paradoja. Al conseguir el objetivo que pretendía, evitar la repetición de los comicios, Ciudadanos se quedó sin fuerza. Sobre todo desde que el PP consiguió el apoyo del PSOE para algunos proyectos. De ahí, el desconcierto de la jerarquía de Ciudadanos. Con dirigentes que se contradicen en sus declaraciones y manifiestos que piden más participación de los militantes. Las acusaciones de presidencialismo y la denuncia de supuestos tics autoritarios de Rivera tampoco ayudan. Es difícil saber si estamos ante una crisis de fondo o ante una tormenta pasajera.