• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

CÓNCLAVE DE MUSAS

Sin fisuras, ni siquiera pequeños momentos en los que la vulnerable condición

Sin fisuras, ni siquiera pequeños momentos en los que la vulnerable condición humana pudiera instar a los sentidos hacia una efímera distracción a lo largo del último concierto de la Sinfónica: conjunción astrológica sui géneris y cónclave de diosas inspiradoras de la música bajo palium de uno de los más grandes compositores de todos los tiempos: Pyotr Ilyich Tchaikovsky.

Quizá el factor más importante en el logro del éxito haya sido la elección del monográfico del compositor ruso, o quizá no, pero cuando se trata de genios de la composición –y es misterio que no nos ha sido revelado–, el resultado de la audición de la música suele permanecer en un nivel superior de conciencia, guiando e instruyendo al intelecto del público por encima del estricto y definido hecho interpretativo: es treta de la que las notas se sirven para revelarse de la manipulación del mortal.

La otra gran estrella de la noche fue Marianna Prjevalska, que interpretó sabiamente el “Concierto para piano y orquesta nº 3” y ofreció además varias obras fuera de programa. Nos congratulamos de que su familia se haya establecido en A Coruña, ya que su padre –además de ser uno de los puntales imprescindibles de la OSG–, a través de la formación musical de Marianna, ha colaborado de forma cualitativa con la idiosincrasia cultural de nuestra ciudad. Con un sencillo gesto, tras la extraordinaria exhibición de talento de Marianna, comprendimos lo que significa el orgullo de ser padre en un día trascendente para la apabullante carrera de su hija, con seguridad, la artista coruñesa con el mayor palmarés de premios internacionales hasta la fecha.

Notabilísima versión de “Romeo y Julieta” y de la “Sinfonía nº 6 Patética”, haciéndose imposible no recordar el cuarto movimiento, por la carga emocional del mismo y la fuerza expresiva sin igual de toda la sección de cuerda.

No pasando por alto que el director Ion Marin es un músico de altura con buen fraseo, Tchaikovski es uno de esos compositores con los que la Orquesta se encuentra especialmente cómoda. Al final, el público en pie.