• Domingo, 04 de Diciembre de 2016

Gobierno en libertad vigilada

El pluralismo político se ha visto favorecido por la ausencia del bipartidismo

El pluralismo político se ha visto favorecido por la ausencia del bipartidismo, la aparición de nuevos partidos y la falta de mayorías absolutas. Esta realidad obliga a practicar, como estrictamente necesaria, la política de pactos, para conseguir la deseable gobernabilidad.
Si a lo anterior añadimos que no hay un gobierno de coalición, resulta obligado gobernar en minoría, con la inseguridad y dificultades que dicha situación, precaria e inestable, comporta.
La citada situación hace depender, en extremo, al Ejecutivo del control y poder del Parlamento, con la amenaza permanente de que la Cámara pueda, en cualquier momento, negarle su apoyo.
Esa situación de inferioridad parlamentaria y de falta de apoyos suficientes colocan al Gobierno “atado de pies y manos”, a expensas de las presiones y acoso que la oposición pueda ejercer sobre el poder.
Si antes de alcanzar el poder, el partido gobernante estableció pactos, acuerdos o consensos con otros partidos, cuyo apoyo necesitó para acceder al poder, ese gobierno nace hipotecado y sujeto a lo que podríamos llamar una libertad vigilada.
No cabe duda que un gobierno en minoría solo puede ejercer el poder con la aquiescencia y el apoyo parlamentario de otros grupos; pero esas circunstancias condicionan su ejercicio, pues no sólo se ve dificultado para que se aprueben sus propuestas y proyectos legislativos sino que, incluso, y como ya está ocurriendo, compruebe la derogación de leyes aprobadas en su anterior legislatura.
Esa posición de dominio o hegemonía que ejercen, sobre los gobiernos en minoría, los que, por así decirlo, tienen la llave de la gobernabilidad, puede conducir a utilizar esa presión como forma de chantaje para aprobar normas dirigidas más a demoler lo existente que a perfeccionarlo y mejorarlo.
La oposición en estos casos y, sobre todo, aquella de la que depende el gobierno debe ser constructiva, sensata, moderada y no dejarse llevar por el prurito de ser el ariete que desmonte todo lo anterior como si nada de ello fuese positivo.
Esa es la gran responsabilidad que incumbe en esas circunstancias más a la oposición que al propio gobierno.
Es cierto que los acuerdos y decisiones del Ejecutivo en minoría, que reciban la aprobación y el visto bueno del mayor apoyo y consenso parlamentario, serán más valiosos y duraderos; pero siempre que, en esos casos, prevalezca la razón sobre la presión y que no se aproveche como coartada para coaccionar al gobierno y forzarle a aceptar decisiones inviables, de eficacia no probada o de difícil aplicación.