• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

El mayor daño posible

Los trabajadores de seguridad del aeropuerto de El Prat

Los trabajadores de seguridad del aeropuerto de El Prat de Barcelona parece que no han tenido suficiente con el daño que ya han hecho a la imagen de España y al turismo. Ya han expresado de hecho que a pesar de que se llegara a un laudo están pensando y valorando llevar a cabo nuevas huelgas intermitentes durante el mes de septiembre. Lógicamente, las entidades relacionadas con el turismo han dado la voz de alarma. Más huelgas serían letales para el turismo que ya ha notado anulación de reservas por algo mucho más grave como han sido los brutales atentados de Cataluña.
Claro que las huelgas se hacen cuando más daño se puede hacer. Pero, primero es bastante incomprensible que se rechazara la oferta realizada por la Generalidad y que era bastante generosa teniendo en cuenta que muchos millones de españoles aún no han visto subir sus salarios en cantidades ni parecidas. Y segundo, los ciudadanos no van a entender que se siga haciendo daño, con lo que ya tenemos encima. Los aeropuertos son lugares estratégicos y como en su día pasó con los controladores, el Gobierno debería reforzar el servicio aún más, si al final se convocan más paros, con agentes de la Guardia Civil o incluso militarizar el servicio, que es un servicio público y que tiene en sus manos la seguridad de cientos de miles de personas. En su momento, lo hizo José Blanco y todo el mundo lo entendió. Paralizar un aeropuerto como El Prat por el que pasan miles y miles de personas es irresponsable y las autoridades deberían tomar la decisión de militarizarlo, si los trabajadores siguen empeñados en hacer daño.
Ya no digamos si las huelgas se reproducen en otros aeropuertos de España y precisamente en unos momentos en los que la seguridad debe ser la prioridad. Si no son capaces de ofrecerla y se empeñan en ser irresponsables, el Gobierno debe intervenir de nuevo y anteponer la seguridad de todos y cada uno de los viajeros, pero también de todos los ciudadanos. No nos podemos permitir un fallo de seguridad en los aeropuertos nunca, pero mucho menos ahora.